Igual que al troyano Aquiles, la fama le sobrevino a David Beckham por su fuerza, valor y hermosura, y su posible ocaso por un destrozo en el tendón que une al talón los músculos gemelo y sóleo de su pie izquierdo. El citado héroe mitológico cayó derribado por un impacto en el talón, exactamente en el tendón calcáneo que desde hace siglos se le viene denominando en medicina como el tendón de Aquiles.
La similitud de ambos destinos se ha cebado cruelmente con Beckham, un futbolista de 34 años, reputado ícono de belleza masculina de comienzos del siglo XXI, que ha firmado los más suculentos talones bancarios como jugador y modelo; y por cuya lesión grave se le da ya casi por concluidas la temporada y sus esperanzas de acudir a la próxima Copa del Mundo de Sudáfrica 2010.
El futbolista del talonario, el considerado más sexy durante muchas temporadas, cayó fulminado el domingo por la noche sobre el césped del Giuseppe Meazza de Milán, en el partido frente al Chievo Verona, de la Liga italiana de fútbol.
Paradojas del destino: se ha descubierto, fatalmente, que el punto débil del futbolista londinense no eran las pasarelas, los devaneos, los negocios o las excentricidades de Victoria, su mujer. Su punto flaco era el talón. Como le ocurrió al mítico Aquiles.
Beckham, mediocampista internacional inglés del Milán, fue operado ayer de ese tendón en Turku (Finlandia), lo que, según fuentes médicas, le impedirá jugar el mundial de Sudáfrica que comienza el próximo 11 de junio.
En otro guiño nefasto del destino, Beckham se lesionó en una acción en solitario cuando el partido ya acababa. Aquiles también recibió el impacto mortal de una flecha envenenada en el talón cuando el mito luchaba en solitario.
La Copa del Mundo sudafricana ya no esperará a Beckham. El sueño se ha roto, igual que su tendón.
A Beckham, como Aquiles, ya sólo le queda recordar su impronta y recopilar los elogios. El inglés fue un jugador especial para el Manchester, el Real Madrid, el Galaxy de Los Ángeles o el Milán.
Beckham entró en la historia del Real Madrid y su contrato resonó como un estallido en todos los rincones del planeta. El ídolo mediático firmó en 2003 un contrato por cuatro temporadas y un total de 35 millones de euros. Tenía 28 años. Después, recaló en el Galaxy de Los Ángeles, quizá un prematuro final para un futbolista aún rentable.
Beckham soñaba con estar en un nuevo Mundial y había renacido para el fútbol europeo en las filas del Milán, a la sazón una de las capitales de la moda continental, a donde acudió por segundo años consecutivo tras acabar su temporada regular con los Galaxy.
Pero el talón calcáneo de Beckham, como el de Aquiles en la mitología griega, no soportó tanta presión. Aquiles derribó tristemente la formidable imagen de Beckham, acabó con la ilusión de las mentes femeninas y masculinas por verlo con la camiseta de Inglaterra en el inminente desafío mundialista.

