El goleador de la Liga, el de la Champions, el mejor del mundo. Todos los adjetivos faltan para adornar la diminuta figura de Lionel Messi. Pero ojo, es ese Messi que brilla en España, el que la rompe en Europa porque el Messi vestido de celeste y blanco, aún está en deuda con Argentina. Será su segundo Mundial en mayores, a similitud de lo que le pasó a Diego Armando Maradona que recién explotó en México "86 después del paso gris por España "82. Todos, incluido el que esto escribe, esperamos que en la exótica Sudáfrica, Leo nos tape la boca.
Dicen que este Argentina versión 2010 está hecho a su medida. Que Diego y todo el cuerpo técnico de la selección lo miman hasta el hartazgo y que hasta decidieron ponerle de ladero en la habitación de Pretoria a la Brujita Verón, como para que tenga consejos, contención y experiencia las 24 horas. El técnico de la selección lo dijo desde un principio: son Messi y 10 más. Resta ahora saber cómo asumirá este desafío un jugador de otro nivel, con otro vuelo como Messi. Este debe ser su Mundial. Lo sabe, lo sabemos todos.
Lejos del Nou Camp, sin Iniesta, sin Xavi, sin la sobreprotección del planeta Barcelona, Messi tendrá que ser argentino de una vez por todas. Nada más que eso. Clase, talento y carisma le sobran. Sólo resta que empiece a jugar, a hacer lo mejor que sabe.
