Quienes piensen que lo de la Selección Argentina en la Copa América no es un fracaso estarán perdonando errores repetidos y hasta injustificables. Porque en este fútbol en el que todo cuesta y nada es como antes, ya no hay espacios para el respeto a los colores de alguna camiseta en especial. La Argentina y Brasil ya no ganan simplemente porque son ellos. Si ganan, lo tendrán que hacer por esfuerzo. Por dedicación. Por coherencia. Por convicción. Y de todas esas características, al equipo del Checho Batista no se le puede discutir que no se haya esforzado. Que no se haya dedicado. Pero sí se puede decir que sus líneas no tuvieron coherencia, cohesión. Ni tampoco convicción. Porque tanto el técnico como los jugadores deben estar convencidos de lo que hacen. De lo que buscan. Y no lo estuvieron. Desparramaron desconfianza y dejaron en evidencia la falta de identidad de su juego. Esa tal vez sea la causa clave para encontrarle -o al menos buscarle- explicaciones a este fracaso que dejó frustración en el pueblo futbolero argentino. Amargura, por haberse sentido favorito por el sólo hecho de jugar en casa. Indignación por ver que sus estrellas consagradas en el fútbol europeo, acá, en su tierra, se quedaron afuera de la Copa en los cuartos de final.

La eliminación, claro está, es una síntesis de esos errores repetidos. Y de esos hasta injustificables. De no haber tenido convicción y capacidad para armar un aparato más fuerte que cualquier otro rival. Hay causales, porque nada es casual. Ni siquiera la eliminación…


1- El técnico y sus debilidades

Hablar no es hacer. Al menos este Batista, que siempre le encuentra una buena explicación a todo, dejó en evidencia que los pensamientos que tuvo y hasta lo que dijo muchas veces, no lo llevó a la práctica. Ese desempeño dubitativo lo hizo cambiar de rumbo muchas veces. Dijo que Messi era "su nueve" y nunca lo hizo jugar de nueve. Borró a Tevez y después, por la presión externa y popular, no sólo lo terminó llamando para la Copa América sino que lo mandó de titular en los dos primeros partidos. Y, como resumen de su incoherencia, armó una disposición ofensiva por afuera y la destruyó centralizando los deseos de gol del equipo tratando de armar juego por el medio.


2- Messi no tuvo socios

Cuando dicen que Messi es tan efectivo en el Barcelona es por algo. Tiene a Xavi e Iniesta que fluyen su juego para que el argentino sorprenda con su rapidez en la puntada final. En el equipo argentino el pobre Messi -que es un extraordinario e inigualable jugador- no encontró esos socios. Por ahí buscó edificar algunas paredes cortas primero con Agüero y después con Pastore. Pero fue tibio. Con Uruguay le metió un gran pase al Kun, éste desbordó y tiró un centro rasante a cualquiera. Ni siquiera se fijó que Messi ya estaba ahí. Porque él así juega en el Barça. Da la pelota y pica a recibirla. Esos socios los tendría que haber encontrado el técnico. Y no lo hizo.


3- El dolor de ya no ser

El proceso es como que se está cayendo de a pedazos. En las Eliminatorias, la Argentina de Basile no le encontró la vuelta a su juego. En el Mundial, la Argentina de Maradona tampoco. Y en esta Copa América, la Argentina de Batista menos. Los jugadores, con cambios de algunos apellidos, son casi los mismos. Llegó la hora de las variantes. Por un lado de algunos jugadores. Por otro, en el más importante, de ideologías firmes. Aunque esto cueste el cambio de timón (entiéndase técnico). Argentina ya no es la de antes. No sólo le juegan de igual a igual sino que le terminan ganando con autoridad. Tendrá entonces que recuperar esa identidad perdida.