Los números, no mienten. El 60% de los goles de Argentina (10) en el Mundial de Sudáfrica tienen nombre y apellido: Carlos Tévez (2) y Gonzalo Higuaín (4). Con un plus, en este torneo, el que más pateó al arco es argentino: Lionel Messi (23 remates). Con estas cifras, concluir una vez más que la versión Argentina maradoniana tiene su mejor rostro en el ataque es simplemente redundar en un análisis ya dicho: Argentina es una cuando ataca y otra cuando se defiende. Ninguna novedad pero en el tramo más decisivo del Mundial, Argentina sabe que si le meten un gol, responde con dos. Eso lo pone mano a mano contra el que sea y con un trío de cartas ganadoras para el crucial choque contra los alemanes buscando las semfinales: Tévez-Messi-Higuaín. Un lujo que ninguno de los seleccionados que están o han pasado ya por Sudáfrica se pueden dar. Potencia, magia y gol. Una combinación perfecta para cimentar de adelante para atrás las ilusiones argentinas.
UNO POR UNO
El modelo Maradona nunca amagó con tener tres puntas pero la desmedida entrega y el amor por la camiseta que para Diego es vital, le abrieron las puertas a un tal Carlitos Tévez. Un regalón de Diego por su pasado boquense que confundió muchas veces entrega con descontrol. Así, las puertas que parecieron cerrarse en un pasaje del tortuoso camino de las Eliminatorias, terminaron abriéndose de par en par para el Apache. Que respondió con su imán, su carisma y -fundamentalmente- jugando: retrasado, tirándose a los pies por momentos, asistidor milimétrico en otros y con goles, con lo suyo. Sin demasiados lujos pero dejando todo. Eso es Tévez: entrega total aunque juegue vestido de delantero y sabiendo que de hacer goles, tiene una rica historia de atrás.
Cuando Diego asumió en la selección habló de Messi y 10 más. Hoy, con mimos permanentes, Maradona ratificó coherencia total -algo que no es muy habitual en su vida- para respaldar a Lionel. Figura, capitán. Todo junto. Messi no llegó al gol por esas cosas del fútbol. Pero obliga, asiste, genera. Y, también, prueba. Le faltó fortuna. Nada más. El resto, lo hizo completo y ubicado en esa cartelera de los elegidos, el mundo del fútbol puede que esté esperando su explosión en un partido trascendental como el de Alemania para que el mundo vea su estatura real. La del "fuera de serie".
En la tercera pata de este trípode ofensivo y letal está el Señor Gol: Gonzalo Higuaín. Uno que se ganó el lugar en el tramo final del ciclo premundial de Maradona. Lo llamaron al último y respondió con lo suyo: goles. En marzo, ante Alemania ahora, con 4 tantos y una contundencia que asusta. No es potencia descomunal como Batistuta, tampoco velocidad letal como Caniggia pero Higuaín combinca cosas de los dos monstruos sagrados de los ciclos contemporáneos de Argentina como para ser vital, insustituible y temido.
Argentina es una atrás y otra adelante. Con tres cartas ganadoras, hoy irá por la mano más complicada en Sudáfrica. Alemania, ese sabor a revancha y las ganas de volver a semifinales después de 20 años de ausencia, están en la mesa.

