Después del 4-0 sobre Venezuela, el exitismo argentino casi como que no tuvo fronteras. En Buenos Aires mismo, justamente donde viven los principales exitistas del país, hubo quienes hasta ya conversaban con qué equipo jugaría la Argentina la final del Mundial del año que viene. Lógico, descontaban la clasificación en estas Eliminatorias y además auguraban una campaña notable en el Campeonato que se jugará en Sudáfrica. Con soberbia, obviamente.

Tres días después, con el 6-1 en contra, en Bolivia, los mismos que no tenían más alabanzas se repartieron críticas para con el equipo argentino. Decían que esta selección no tiene identidad. Que Maradona no es el técnico ideal. Que esto, que aquello.

En realidad un extremismo que ni siquiera tiene sustento en los condicionamientos. Tal vez hace base en la propia irregularidad del equipo pero para nada es entendible. En esto del fútbol, la vida enseña que no hay nada seguro de un partido a otro. Que en un partido el equipo puede haber jugado muy bien, y en el otro muy mal. Pero esta selección argentina no es tan tan ni muy muy…

A Venezuela le ganó con entusiasmo y buen fútbol. Contra Bolivia perdió por motivos irrefutables. Por ejemplo, el de la altura. Que no fue un condicionamiento exclusivo pero sí decisivo. Y mucho.

Igual, los argentinos le tenemos que dar crédito al equipo de Diego. Porque todavía nada se definió. Ni siquiera terminó. Queda camino aún por recorrer y la Argentina es un gran candidato a clasificar.

Se viene Colombia y tres días después, otra vez la altura porque debe enfrentar a Ecuador en Quito. Habrá que esperar esos tragos. Si la Albiceleste sale bien parada, seguro que los extremistas ya no lo serán tanto. Y tendrán que entender que el equilibrio, en la vida, es la mejor receta para encarar los objetivos.

Por Walter Cavalli

Editor de Deportes