“La única verdad es la realidad”. Esa frase que marcó tanto la vida de los argentinos, pronunciada por uno de los políticos más trascendentales como Juan Domingo Perón, bien sirve para marcar el momento de esta selección argentina mayor que anoche volvió a sufrir una frustración. Se perdió la tercera final seguida en solo dos años. Resultan golpes de nocaut, entiendase, en varios casos será el final de los ciclos de algunos futbolistas con la celeste y blanca en el pecho. Hay un dato que marca ese plus que le falta a la Argentina en finales: en los 120’ ante Alemania por la final del Mundial, en la misma cantidad en la definición de la Copa América pasada contra Chile y también anoche en el impresionante MetLife frente a los trasandinos, el país que tiene los mejores goleadores del planeta no marcó un tanto. 360 minutos y nada de nada en la red contraria. Se perdió una final por el título ante Alemania en el Maracaná y un par contra los chilenos, otrora un rival que si le empataba a la Argentina hacia un carnaval de una semana y ahora se ‘acostumbró’ a arruinarnos la vida.
La sequía ya suma 23 años, desde aquella Copa América en Ecuador de 1993 cuando Oscar Ruggeri levantó el trofeo. Luego, nada de títulos y si muchas decepciones.
Ver a Lionel Messi querer ‘meterse’ dentro de su camiseta luego de fallar el penal de manera increíble para un futbolista de otra galaxia como él, marcaba la pauta de lo que significó este nuevo impacto. El zurdo que con la camiseta del Barcelona hace casi todo bien, con la de Argentina no puede dar una vuelta olímpica. Y, acaso, lo que es peor: se queda tan cerca que el dolor es infinitamente superior. Por eso su fastidio y la desazón que lo llevó a quedarse sentado en el campo de juego, mirando la nada, mientras los chilenos celebraban.
Como había ocurrido hace un año en el Estadio Nacional quedó claro que con solo tener a Messi la gloria no está asegurada. Hace falta un equipo que lo respalde. Eso se evidenció anoche en Nueva Jersey con la ‘desaparición’ de sus compadres como Ever Banega, Angel Di María y ni que hablar de Gonzalo Higuain, quien en el Nápoli rompió un récord histórico esta temporada pero que en la Argentina no da la talla.
Capítulo aparte para el técnico, Gerardo Martino. Como le hizo Jorge Sampaoli y ayer Juan Antonio Pizzi perdió la batalla táctica por paliza. No fue capaz en ningún caso de contrarrestar la idea adversaria y brindarles a sus jugadores el plan indicado para alcanzar la victoria. ¿Será el momento de un final anticipado? Para una auténtica potencia como la Argentina, es en este tipo de instancias donde se marca la diferencia entre lo bueno y aquello que está un escalón más arriba todavía. No queda otra que esperar un par de años más y ver en el Mundial de Rusia, seguramente el último de Messi, la ansiada revancha. Hoy, con todo el dolor a cuestas, queda demasiado lejos como para ser optimistas.

