El primer tiempo había sido parejo. Argentina terminó ganándolo 1-0 porque fue efectivo en su momento cumbre. Portugal no lo pudo hacer. Pero las acciones fueron peligrosas sobre ambos arcos.
Estaba cantado que el equipo lusitano iba a jugársela desde el mismo inicio del complemento. Y así lo hizo. Para colmo su goleador metió dos tiros exactos que dieron vuelta el marcador. El panorama para la albiceleste estaba complicado. Portugal venía de menos a más y parecía que el sueño de llegar a la final se diluía.
Pero apareció la personalidad de este equipo. El amor propio. Las ganas que brotan del alma. Del corazón. Y Nicolía siguió haciendo de las suyas. Pero Carlos López y David Páez demostraron porqué son dos jugadores experimentados y notables. Y qué hablar de Lucas Ordoñez. Fue al frente a cara descubierta. Eso sí, siempre respaldados por tres grandes actuaciones en el aspecto defensivo: el arquero Grimalt, y Platero con Nalo García.
Y no sólo llegó el merecido empate, sino que de ahí y hasta el final, la Argentina vapuleó a Portugal. Con un juego vivaz. De categoría. Difícil de igualar por los lusitanos. Por eso la victoria fue a todas luces merecida. Cuando hizo falta, la Argentina sacó todo desde adentro. Y logró su sueño de llegar a otra final.

