Sabido es cada año que la etapa más apasionante de la Vuelta a San Juan es la subida al Colorado. Por eso cientos de apasionados recorren los casi 150 kilómetros que lo separan a ese lugar cordillerano de la ciudad de San Juan, para poder estar y vivir la adrenalina que se genera en ese duro ascenso. En la previa mucho se especuló con que trasladar la etapa reina de un sábado para un miércoles, iba repercutir en el marco de público, pero nada de eso sucedió. Más de mil personas se dieron cita en ese lugar para observar el ascenso y demostrar que la pasión por el ciclismo puede más que nada, sobre todo si se trata de la Vuelta de los sanjuaninos.
Desde temprano, familias enteras llegaron para hacer la previa con mates o con lo que sirviera para esperar la llegada del pelotón. La instalación de equipos de transmisión por distintas radios en esa zona, les permitió a los amantes del ciclismo esperar la carrera siempre con el oído pegado a la portátil siguiendo lo que pasaba. Cuando se anunciaba que los punteros ya transitaban los últimos mil metros, toda la gente salió a la vera de la ruta para alentar a los ciclistas en el último tramo. Es que el dramatismo que se genera por ver tanto esfuerzo de los competidores se roba la atención de todos. Y más estando a 2.672 metros de altura. Pero el amor que sienten por uno de los deportes más popular de los sanjuaninos, supera cualquier barrera.

