Nació en 1929, junto a la clásica con más ediciones que tiene el ciclismo sanjuanino, la Doble Media Agua. Eran tiempos de una Argentina en potencia, en serio, no como nos quisieron hacer creer años después. Aldo Cantoni gobernaba San Juan y en el país Hipólito Yrigoyen transitaba su segundo período presidencial, del que un año después sería depuesto.
Por entonces los “reyes” del pedal sanjuanino eran Alfredo Carrascosa, Domingo Palacios, Enrique Molinero (todos luego ganadores de esa competencia) y Antonio Gimenez.
Nació en una época en que ponerse pantalones largos estaba reservado para los adultos y en pleno apogeo de Carlos Gardel. Fue una época lírica de un país que un año después, en 1930, comenzaría a poner en práctica una costumbre que lo fue carcomiendo, la de deponer a gobiernos constitucionales elegidos por el pueblo.
Como muchas cosas de aquella época, y en San Juan con el terremoto de 1944, los archivos se perdieron. Fue un túnel de sombras del que se salió en 1951 cuando se refundó. De aquellos años queda como testimonio de vida el historial de la primera carrera que organizó y que lo hizo famoso: “La Media Agua”.
“Todos queríamos ganar la Doble Media Agua”, confió hace pocos días a DIARIO DE CUYO, Salvador Ortega, quien es uno de los más ganadores. Por entonces, como ahora lo es la Doble Difunta Correa, el viaje de ida y vuelta a la villa cabecera del Departamento Sarmiento era una aventura que catapultaba a la condición de consagrado a su ganador.
El Independiente nació en el centro, pero luego se trasladó a Trinidad (por entonces su límite al Sur lo demarcaba “la calle del agua”, como se conocía popularmente a la actual República del Líbano).
Luego de algunos años de desacoples institucionales, la entidad fue refundada y su primer presidente fue Juan Carlos Alvarez, a quien lo secundaron Miguel Angel Lucero, como vice y Nazareno Páez como secretario. Un año después asumió la presidencia, Ruperto Horacio Godoy, por entonces diputado provincial y luego gobernador.
La segunda mitad del Siglo XX tuvo en la vida del club hechos que marcan a fuego su existencia actual. “Era un club de familia, con mi marido (Miguel Lucero) hemos organizado tantas cosas… Las reuniones se hacían en el bar Tacurú, que Miguel había construido a metros de calle Comandante Cabot”, rememora hoy doña Marta Beatriz Widmer, esposa de uno de los hombres que más hizo por la entidad, el fundador, también de la empresa comercial “Moto Lucero”.
En 1980 disuelto el Club Ciclista San Juan, el dirigente Washington Vera invitó a la gente que había quedado de ese club a que se sumara al Independiente y les solicitó el permiso para continuar organizándola. Ese año, también el CCI debió ser reorganizado nuevamente.
En 1985, en el último año como presidente de Washington Vera, se hizo entrega de la primera “Bicicleta de Oro” una joya de orfebrería que tendría en Miguel Sevillano, ganador de la Mendoza-San Juan de 1955 a su primer homenajeado.
Desde entonces hasta ahora, con cambios de sede y demás (actualmente se reúnen en el CIC de Rawson), la señera entidad trinitense sigue latiendo al compás de una pasión que no se añeja. La del ciclismo, que año a año se renueva en el corazón de los sanjuaninos.

