Cuando la necesidad es grande, todo sirve. En San Martín, la presión por ganar en Concepción empezó a cambiar las preferencias y para su gente, ya no importaba jugar lindo sino que era el momento de cantar victoria ante su gente. Y San Martín lo hizo, tal vez sin mostrar la fluidez futbolística de otros juegos que no terminaron en triunfos, pero con la convicción del libreto al que juega. En ese modelo post-Bueno, el técnico Carlos Mayor optó por jugar sin un punta decidido y sacrificó a Marcos Figueroa como delantero absoluto, poniendole por detrás a tres volantes con mucho sentido ofensivo como Covea, Canhué y Aparicio, secundados por el doble eje central de Bogado y Gelabert. Ese fue el modelo con el que apostó todo el primer tiempo y los primeros 15’ del complemento hasta que entró Pumpido y ahí ya armó dos líneas de cuatro con dos puntas bien claros. San Martín pudo manejar esas variantes tácticas y le terminó dando los resultados que esperaba porque si bien no tuvo la potencia de Bueno como socio de Figueroa, armó juego y llegó. Después, más apurado, volvió al sistema inicial y terminó consumando una victoria que ya era más que necesaria. El modelo está y se muestra flexible. Con punta de área o sin eso, San Martín no traiciona una forma de pararse en la cancha que sea y eso, no lo logra cualquiera por más nombres que tenga.