El calor no sólo fue un problema para los pilotos y los espectadores, sino también para los elementos mecánicos. Con más de 65 grados en pista, los neumáticos no se comportaron igual que bajo otras condiciones y refrigerar los frenos fue clave para que pudieran mantener su eficiencia. Por eso, la categoría le permitió a los equipos implementar algunas modificaciones técnicas.
Así, para los trompas de los autos, los equipos dispusieron de hasta 8 tomas Naca (son unos canalizadores) y hasta 6 conductos, que en general fueron directo hacia los frenos. A su vez, dejaron libre el torpedo para el uso de agujeros y proveer mayor caudal de aire al habitáculo. En tanto que los autos llevaron de manera obligatoria un orificio de ventilación de 180 centímetros de diámetro en las dos ventanillas, para lograr mayor ingreso de aire.
Los pilotos, no obstante, sufrieron hasta 70 grados dentro del habitáculo, con el extra de la ropa reglamentaria como buzo antiflama y por supuesto, el casco, que debieron utilizar. Para combatir en parte la temperatura extrema, por ejemplo se vio en el box de Juan De Benedictis cómo improvisaban unas plantillas de amianto para las botitas de sus pies.
Y en el público, en tanto, los fanáticos aguantaron estoicos y en las tribunas hasta colocaron grandes gazebos para poder tener algo de sombra.

