Lionel Messi es indudablemente un desafío aparte para los técnicos de los equipos que deben enfrentar al que juega el rosarino. Y Gustavo Quinteros, el seleccionador de Bolivia, se habrá ido anoche a dormir más que tranquilo no solamente porque su equipo logró un empate más que meritorio en el debut de la Copa América ante el poderoso local, sino porque el crack del Barcelona solamente demostró chispazos de su categoría, pero que nunca llegó al esplendor.
Messi comenzó ayer jugando como centrodelantero y en el primer tiempo realizó un par de sus habituales ‘apiladas’ de defensores rivales, para habilitar a un compañero o probar al arco.
Entre las primeras, las más claras fueron pases a Lavezzi primero y a Tevez después, quienes aparecieron sin marca pegajosa por izquierda, pero sus remates fueron interrumpidos por el arquero Arias, una de las figuras de la cancha. Probando al arco, a Messi no le fue mucho mejor.
Sin embargo, con el correr de los minutos, Messi tuvo que bajar a buscar la pelota y se recostó por la derecha para intentar romper con el cerrojo defensivo boliviano.
En el segundo tiempo, Bolivia se puso rápidamente en ventaja y eso fue un golpe anímico para el hombre con la casaca 10 de Argentina. Sus contactos con la pelota fueron más esporádicos y la selección fue entrando en ese cono de nerviosismo generalizado que por poco termina en una derrota que hubiera sido histórica.
El rosarino fue votado por los hinchas que colmaron el Estadio Ciudad de La Plata como el mejor jugador del partido. Messi recibió el premio pero se retiró mostrando en su rostro signos de preocupación.

