El objetivo de la Selección era solamente uno: festejar el campeonato del mundo. Así lo declararon los propios jugadores del plantel antes del torneo que comenzó el 24 de septiembre. La apuesta se basaba en los dos años que transcurrieron desde la final perdida en Vigo. Porque aquellos ‘pibes con hambre’ de 2009 se transformaron en jugadores fundamentales de clubes que cosecharon títulos de toda índole en la elite europea.
Puede tomarse a Pablo Alvarez como muestra. Hace 2 años, afirmado en el Liceo español, el delantero resultó goleador del Mundial de Vigo, pero ese premio consuelo fue casi insignificante según declaró luego de perder la final. Hoy, campeón de clubes europeo, también con Liceo, y elegido como el mejor jugador de ese certamen pasó al Barcelona, el club más poderoso del hockey de hoy en día, donde ya está Reinaldo García.
Alvarez volvió a ser goleador del Mundial en San Juan, también con 14 goles (al igual que el mozambiqueño Saraiva), pero nuevamente se quedó sin el festejo esperado.
El proceso que empezó en Vigo no terminó como en Argentina los propios jugadores esperaban. Y eso que contaron con solamente una carta ‘nueva’, una muy especial, como David Páez.
Fueron dos campeonatos con el mismo final. Muchos, por edad, todavía tienen la carta abierta para ir a Angola en 2013. Quizás ahí la espina, que ayer se enterró un poco más en sus corazones, pueda ser quitada.

