Argentina escaló durante una semana un Everest de ilusiones y cuando anoche tenía la cumbre a la vista, el sueño se derrumbó hasta caer en las profundidades del desconsuelo.
La selección perdió con España en la final del mundial de hockey sobre patines por 3 a 1 porque el dueño de casa aprovechó mejor las oportunidades que tuvo. Siempre fue el gran favorito desde un principio para levantar la copa de campeón por tercer mundial consecutivo, pero Argentina tuvo al alcance de la mano la posibilidad de torcer ese rumbo y terminar festejando al igual que el último título consecutivo, en 1999 en suelo español.
Pero no se le dio a la albiceleste, a pesar que logró con su talento en un momento romper con el metódico sistema español. Como era de esperar ambas selecciones arrancaron el partido buscando la equivocación del rival. Cada uno contó con sus oportunidades hasta que promediando la etapa, Ordeig aprovechó un mal despeje de Kenan para habilitar a Bargalló, quien con el arco servido puso el 1 a 0. Pero el dueño de casa no pudo enfriar el partido y las situaciones de peligro se siguieron generando mientras también las infracciones iban siendo más duras. Argentina tuvo un penal a los 18, que Fernández pudo desviarle a Velázquez, adelantándose antes de tiempo pero el árbitro portugués Pinto no vió.
En el comienzo del segundo tiempo, Reinaldo García tampoco pudo aprovechar una falta directa pero Argentina seguía viva. España no podía rematar de contragolpe por las intervenciones de Kenan y a los 8 minutos llegó el empate argentino. Nicolía se anticipó a una mala salida de Pedro Gil y vulneró a Trabal, que había reemplazado al lesionado Fernández.
España sintió el golpe. Argentina pasó a dominar psicológicamente el partido y estaba más cerca del arco rival. Pero España se convirtió en campeona en 30 segundos mortales. A los 14m.33s., España tuvo un contragolpe servido que Güal no desperdició ante Kenan. Y 30 segundos después fue Adroher el que sacó un preciso remate en otra contra.
Argentina tuvo un par de faltas directas más, pero el descuento nunca llegó. El tiempo se terminó y con él se fue una esperanza que fue creciendo a pasos agigantados, pero que no pudo dar el último.
