¡Qué golpe! Tan grande como el mismo Gigante de Arroyito, que quedó perplejo por la muestra de practicidad y eficiencia de Brasil. Fue 3-1 sobre la Argentina. Pudo ser más, casi nada de menos. Eso sí, dejó una dura sensación de impotencia albiceleste. De fragilidad. Hasta de desconcierto pensando en el Mundial de Sudáfrica del año que viene. Es que la derrota dejó desacomodado al equipo de Diego Maradona. Lo afirmó en un cuarto puesto bien peligroso. Hoy por hoy entrando. Pero con tres fechas que vienen totalmente peligrosas. El miércoles en Paraguay. Y después las dos últimas: Perú (de local) y Uruguay (como visitante).
El balance dejó el gusto amargo de haber perdido con el rival de siempre. Justo cuando Maradona y sus muchachos creían en la recuperación total. Inclusive hasta cambiando el escenario de siempre en las Eliminatorias.
El partido tuvo momentos de inflexión. Brasil armó su triunfo en el primer tiempo. Y, en el complemento, cuando parecía que Argentina reaccionaba con el descuento, pegó el mazazo letal apenas dos minutos después.
El clásico había comenzado como para que los argentinos se comieran la cena y el postre juntos. Antes del minuto ya había creado una situación neta de gol, en la que Tevez no pudo conectar.
Brasil bien metido de mitad para abajo, marcó todo a presión. La Argentina, con la pelota, empezó a hacerla circular para romper esa muralla estratégica.
A los 11′ un zurdazo de Messi salió desviado, cuando estaba solo. La acción contagió porque fue la primera aparición de la Pulga, que después durante todo el partido no pudo -y no tuvo- una acción clara para marcar.
El equipo argentino era dueño de la pelota. Era innegable. Pero mostraba liviandad en los metros finales. Movía por todo el frente pero carecía de la puntada final. Los brasileños, a su vez, estaban preparados para defenderse.
A los 23′ ocurrió una acción impensada. Tras un tiro libre de Elano, entre Domínguez y Heinze se complotaron para dejar que Luisao cabeceara solo. Tan solo que eligió el palo, la cruzó de cabeza y derrotó a Andújar. Era la primera llegada a fondo de Brasil y ya estaba ganando.
Fue duro, pero aún más lo que pasó 7 minutos después. Tras otro tiro libre de Elano, la pelota derivó en Kaká que mandó el centro atrás. Andújar sacó el tiro de Maicom pero el rebote cayó en los pies de Luis Fabiano, que dejó el tablero 2-0 para la visita. ¿Y la marca argentina? Un desastre. Perdida e irresoluta.
Rostros de incredulidad. Desazón. Amargura. Silencio. Adentro de la cancha y afuera.
En el complemento, Maradona sacó a Maxi Rodríguez y mandó a la cancha al Kun Agüero. Argentina, más con actitud que con otra cosa, contagió inclusive a la gente.
A los 19′ dejaron que Dátolo armara su disparo y Jesús la clavó en el ángulo. Parecía que se venía la reacción pero Luis Fabiano -un gran delantero- se encargó de tirar todo al freezer 3′ después cuando mandó al fondo una contra encabezada por Kaká. 3-1 y partido liquidado.
De lo que quedó hubo chances para los dos pero la historia ya estaba sellada.
Ganó Brasil. Y ganó bien. Por práctico y contundente.
