Dentro de un mes cumplirá 70 años. Nació allá por 1944. El 29 de agosto. Siete meses después que San Juan empezara una nueva vida, luego del devastador terremoto. Se fue haciendo a fuerza de voluntades. Primero de los empleados del Banco Hispano, que manejaban con autoridad los objetivos del club. Después, ya con la participación de la masa societaria, se fue expandiendo la dirigencia. El “Hispano”, como todos le decían allá por las décadas del ’70 y del ’80, era dueño de un clásico: Su canchita de fútbol. Siempre verde. Casi pegada a la pileta. Con un “ligustrín” que separaba ambos lugares. Con ese tanque de agua histórico en uno de los costados que desbordaba a los 5 metros de altura y era la delicia de los jugadores que paraban de inmediato el partido e iban a refrescarse hasta que el agua se cortaba.
Los futboleros siguen firmes. Es más, le fueron dando vida a la cancha y mejorándola año tras año. Ya tiene una tela olímpica en todo su perímetro y los clásicos alambrados para-pelotas detrás de los arcos. Con cuatro torres de luz artificial. Con banco de suplentes techados. El fútbol para los veteranos (muchos jóvenes se prenden para completar) es una fija de los viernes por la noche (después con asado incluido) pero más aún los domingos por la mañana (con una sabrosa “picadita” tras el final). Un grupo notable de socios que en temporada alta llega al medio centenar. La columna vertebral en la vida del club Banco Hispano.
El tiempo pasó. Ahora la distancia de la cancha de fútbol con la pileta es mayor, porque fueron agregando espacio para circular. El club ya tiene de todo. Hace 40 años no estaba el playón que ahora van a techar. Se jugaba al fútbol, al tenis, al hockey césped y a las bochas. Había una cantina al fondo, detrás de la pileta mayor, que era el espacio elegido para jugar a las cartas y tomarse una gaseosa. Lógicamente buscando esquivarle al sol y al calor que pasaban los 45 grados.
Ahora todo es modernismo. Si hasta los parrilleros cambiaron y tienen iluminación propia. Y con palita y tenedor individuales. Los socios no sólo se duplicaron. Se triplicaron, cuadruplicaron y se siguen sumando. Igual, sigue siendo el “Hispano” de aquellas décadas inolvidables.
