Mediodía. Las 600 personas que se acercaron hasta ‘Agua del Baño’, la primer zona de espectadores en suelo sanjuanino comenzaban a impacientarse con ver al primer competidor del Dakar. La mayoría se ubicaba en una loma de 200 metros, refugiada en sombrillas, gazebos o improvisadas carpas. Familias de los distintos distritos de Sarmiento eran las que mayoritariamente habían escogido ese lugar, aunque tampoco faltaban pequeños grupos de ‘fierreros’ que se fueron encontrando y decidían juntar las conservadoras. Fue la zona de espectadores donde no hubo control de alcohol, pero nadie se mostraba dispuesto a arruinar la fiesta. El olor a carne asada envolvía el ambiente.
El camino de tierra que une Pedernal con Barreal era constantemente vigilado, esperando ver en el horizonte esa columna de polvo que daba la señal que venía el primer motociclista. Hasta que la espera terminó. El reloj marcaba que habían pasado tres minutos de las 12 y se encendieron las cámaras de video, de fotos. Los que tenían largavistas dieron el anuncio: “¡Es la moto 1!”. “¡La del español Coma!”, agregaban otros. Y la moto, a máxima velocidad, crecía en tamaño vertiginosamente mientras se acercaba. La cinta amarilla que separaba el camino para los que corrían el Dakar con los espectadores que se acercaban al lugar, era la marca para tomar la curva y ahí marchar por 200 metros de un sendero paralelo a la loma, hasta conectar con el lecho del río seco. Y ahí, el español volvió a alejarse. El show levantaba su telón…
EL DESFILE
Cada competidor era captado durante 2 minutos por los espectadores. Las dos curvas eran los dos puntos que atraían mayor atención. La primera, por la disminución de velocidad que hacían los competidores y la segunda, porque justo antes había un paso de agua y los pilotos debían mostrar nuevamente su destreza.
“¡Es Pizzolito, el argentino!”, anunciaban desde la loma cuando ya el paso de las motos se había hecho costumbre y el puño levantado del piloto despertó otra ovación. La siguiente fue faltando 3 minutos para las 13: “¡Un cuatri, ahí viene el primer cuatri!”, era el nuevo grito. Sólo faltaba Tatú para que se filmara ahí un nuevo capítulo de aquella serie “La Isla de la Fantasía”. Un cincuentón, con el torso desnudo, revoleaba su remera al paso de Laskawieck, como festejo por como el polaco había tomado la curva con su quad.
La gente quería más y el Hummer de Al Attiyah, a las 13,40, les dio el gusto. El auto pasó de largo en la primera curva y comenzaba a cumplirse el pronóstico de los que habían dicho que el pequeño terraplén iba a desaparecer con el paso de autos y camiones. El mini de Peterhansel pisándole los talones al qatarí despertaba nuevos comentarios. Y así continuaron las emociones, con los Sisterna y Martínez, los otros dos vehículos sanjuaninos en carrera. Poco después de las 16 el primer camión, del holandés De Rooy, comenzaba a satisfacer a la gente. Empezaba la desconcentración. El Dakar había dado otra función, con cuatro horas a pleno.

