No son más de 665 habitantes pero no faltó ninguno. Es Astica, pleno corazón de San Agustín de Valle Fértil y se ha convertido en el epicentro deportivo de San Juan en los últimos 124 días. Ese terremoto tiene nombre y apellido: Viviana Micaela Chávez. La atleta que fue profeta en su tierra y que desde aquel 10 abril en Rotterdam cuando se metió en los Juegos Olímpicos no se cansa de sacudir la tranquilidad de su querido terruño porque el 20 de abril la recibieron como la mejor ingresando por el Norte, desde La Rioja. Usno, San Agustín, Chucuma y con final en su Astica. Ya era olímpica y quedaba por delante lo más complejo: la preparación para que el 14 de agosto fuera inolvidable. Se fue de San Juan el 29 de junio, estuvo concentrada en Marruecos, volvió el 1 de agosto a San Pablo y el 8 ingresó a la Villa Olímpica de Río. Todos esos detalles, los sabía su gente desde Astica donde la comunicación es casi imposible y todos vibraron. La angustia por el espolón en el talón derecho, ese dolor lacerante que antes de los 16 km de los 42 ya la tenía casi afuera, hicieron llorar a todos. A Fredy, a Chiquita, sus papás. A todos. Y claro este 16 de agosto decidió volver cuanto antes. No perdió tiempo. De Río a Buenos Aires el mismo lunes casi sin poder caminar. Y ahí, el vuelo a San Juan para estar a primera hora por fin junto a su familia y emprender el viaje de inmediato a Valle Fértil. Pasadas las 11, la primera escala fue Chucuma y ahí empezaron a salir las perlitas para coleccionar: los gauchos que la recibieron, la inocente pregunta de un nene que le contaba a Viviana que la había visto por TV y quería saber qué tenía en su pie. Se terminó de armar la larga carravana de más de 30 autos y con la FM Astica abriendo paso y anunciando que llegaba Chávez, la maratonista olímpica, la que en una sola pierna, terminó con los 42 temidos kilómetros. Y claro, aparecieron las escalas y los ríos de lágrimas de todos. Primero, la escuela Benito Lynch donde todos los escolares salieron a la calle para aplaudirla y cantarle, además de entregarle pergaminos, láminas y cartas. Lloraron todos y Viviana ahí se quebró mal. Lloró desconsolada. Después, el paso por el Barrio Guadalupe y luego la parte más bonita: ir al Bajo. La recta de tierra del Club Astica donde Viviana marcó sus pasadas para entrenar todos los días. Ahí se encontró con alguien muy especial: su aguatero. Un nene de 6 años que todos los días la esperaba con su botellita de agua y que la propia Viviana confiesa que es su debilidad. Pasó por todos después, conociendo a cada uno, se bajó los saludó, se abrazó. Desde el loco subido en la cima del cerro con una bandera hasta los bebés que le pusieron por el camino. Regalos, de todos colores y de todas formas. Luego, el momento de contar sensaciones por la FM de su pueblo y para todo Valle Fértil recibiendo saludos del presidente del Concejo Deliberante, José Torres ya que el intendente Omar Ortiz estaba en San Juan. Contó todo, la escucharon todos. Fue sintonía total y absoluta porque Viviana estaba en su lugar en el mundo. Con los suyos. Lloró a mares, se abrazó y se saco mil fotos y cosa increíble para todos, firmó su primer autógrafo. Un día inolvidable para ‘la Vivi’ como le dicen los astiqueños. Salió 125 en el maratón, lejos de la punta, lejos de las medallas, del oro pero sabiendo que Astica le entregó su corazón.

