Y respiraron aliviados. Los rostros se aflojaron y soltaron las lágrimas. Ayer, el binomio Sisterna, el primero de San Juan en encarar el Dakar, hizo que la provincia se sintiera más ligada a la carrera con sus representante para alentar. Y con el chequeo en el último puesto de control, quedaron atrás los momentos más difíciles, los que hicieron peligrar la aventura y que los pusieron al borde del abandono. "El momento más crítico del Dakar lo vivimos en las dunas de Iquique. Nos caímos a una "olla’ y la camioneta se clavó de punta. Estuvimos más de una hora intentando sacarla y no podíamos. Nos cansamos de cavar, pero no había forma y ahí pensé que se terminaba todo. Pero Juan Pablo tuvo la lucidez para dejar en llanta las ruedas y lentamente, centímetro a centímetro, pudimos salir y seguir en carrera”, dijo Lino. "Nosotros nos fuimos adaptando al Dakar a medida que corríamos. Ibamos aprendiendo en el camino. Nunca pensé que podíamos pasar por caminos que parecían imposibles. Y aunque creo que sacamos licencia para superar las dunas, nunca le vamos a perder el miedo”, confesó el piloto.

"Pasar las dunas del desierto en varios momentos me hacían pensar "qué hacemos acá, vámonos a casa’. Encontrábamos dunas inmensas, tomábamos velocidad y no alcanzábamos la punta, y cuando lo conseguíamos, con la camioneta casi al borde del vuelco porque lo teníamos que hacer en diagonal, yo me bajaba en el borde para ver cómo era el precipicio. Y del otro lado te encontrabas con autos y camiones volcados y hasta un camión incendiándose. Fue horrible”, contó Juan Pablo.

"Después, el martes volcamos por culpa de la indicación de un miembro de la organización. El estaba parado con su auto y nos desvió por una huella muy finita, pero cuando lo pasamos, había una zanja y volcamos. Eso nos bajoneó mucho, porque rompimos la camioneta y porque después de haber pasado por lugares muy peligrosos, arriesgamos todo por un error de la organización. Cuando nosotros nos equivocamos, nos multan, pero cuando hay errores de organización no pasa nada”, se quejó Juan.

En tanto, el otro momento difícil fue correr de noche. "Tres veces se nos hizo de noche y en la etapa de 600 kilómetros anocheció y nos faltaban 150 kilómetros para llegar. Fueron momentos de concentración extrema, de mucho riesgo y de confiar en la navegación, en la que nos ha ido muy bien”, cerró el navegante.