Apretado. Hasta sufrido en el último minuto. Tal vez impensado pero sin lugar a dudas una lección para aprender y tener en cuenta para lo que se viene. Así vivió la Selección argentina su partido ante Mozambique. Así lo sufrió pero a la vez lo terminó disfrutando al cerrado triunfo por 5-4. Es que amén del juego regular que alcanzó, eso le bastó para ganar bien. Para justificar que fue el mejor del Grupo B. Y le sirvió para esquivar a España en los cuartos de final. Algo que hubiese sido dramático, porque medirse con el campeón del mundo en una instancia alejada de la final hubiese significado otras responsabilidades. Otra historia.

Así, Argentina deberá jugar ante Francia en los cuartos de final que serán mañana. Claro que desde ahora en más todo le será más difícil. Más complicado. Porque, de pasar los cuartos ante un rival peligroso, debería verse las caras en semifinales frente a Portugal y, de seguir, en la final ante España. Todo esto basándose en la lógica.

Lo de ayer ante el equipo africano tuvo dos aristas salientes. La primera es que la defensa no lució tan segura como en los dos partidos anteriores. Y es falta de concentración que se extendió en todo el equipo (le jugó una mala pasada, especialmente al inicio). Y la segunda, bien positiva por cierto, es que los que sí aparecieron fueron los goleadores. Carlos Nicolía se despachó con tres pepas. Lucas Ordoñez lo hizo con dos. Y no es poco, porque se trata de los jugadores en lo que están basadas las esperanzas de gol. Y los muchachos cumplieron.

El partido tuvo momentos diferentes. Al principio, la Argentina entró dormida y Mozambique fue todo lo contrario. Velocidad, concentración y efectividad. Antes de los tres minutos los africanos ya ganaban 2-0. Fue por dos contras letales, en las que ni el arquero Grimalt tuvo tiempo para acomodarse. Primero Pinto y después Rodríguez le arrancaron una gran sonrisa a los africanos. Y muecas de preocupación en los argentinos. Porque los dirigidos por Giuliani equivocaron el camino. En realidad equivocaron la vocación ofensiva. Porque se lanzaron, desesperados, a sacar una rápida ventaja y, de pronto, se encontraron dos goles abajo. La calma vino desde el banco, no porque entraron jugadores que cambiaran la situación sino porque el técnico pidió calma y concentración. Ahí Argentina empezó a funcionar. Llegó a fondo un par de veces pero siempre respondió el arquero Silva. Hasta que cerca de los 8′, Nicolía sacó un latigazo que lo venció. Y ahí nomás, a segundos, llegó un penal que el propio Nicolía se encargó de marcar. Por si fuera poco un minuto después otra vez Nicolía clavó otro tirazo. Del 0-2 pasaron al 3-2.

Argentina empezó a moverse bien. A marcar bien. Todo cambió. Tanto que Ordoñez anotó el cuarto. Mozambique parecía muerto. Pero otra vez hubo un desacople en el fondo y permitieron que el rival descontara para ilusionarse en el complemento. Justamente en la segunda etapa, Mozambique logró lo que el partido daba: lo empató. De nuevo tuvo que remar el albiceleste y otra vez Ordoñez puso su sello. Fue el 5-4 con el que terminaron el partido. Amén de esa arremetida africana en el último minuto, la Argentina había hecho merecimientos como para ampliar. Ayer el secreto estuvo en los goleadores.