¿Quién dijo que no ganó? ¿Qué a los derrotados no los recibe nadie? ¿Qué la gloria es sólo para el campeón? A las 20.50 de ayer y tras 48 días de haber partido de San Juan hacia Buenos Aires y luego a Kobe, Japón, para pelear por el Título mundial supergallo del CMB, Mauricio Muñoz volvió a su tierra. El recibimiento del domingo por la noche fue proporcional a la valentía que demostró este chimbero de 25 años, quien pese a haber sido noqueado por el nipón Toshiaki Nishioka, tuvo en sus seres queridos y las cerca de 200 personas que conformaron la caravana desde el aeropuerto Las Chacritas hasta el club Julio Mocoroa, el recibimiento de un campeón. Fue un anochecer emotivo para el Chuky, quien todavía traía el hematoma en su párpado derecho por los golpes recibidos el viernes. Con abrazos para su madre Irene, su pareja desde hace siete años, Belén, los hijos de ambos, Félix y Santiago, su hermano y compañero de entrenamientos, Ricardo, y para buena parte del entorno boxístico local que lo elogió en la bienvenida a su tierra. Una noche donde hasta el cielo se emocionó con esa lluvia tenue que no impidió en absoluto una recepción a puro afecto para el púgil que hizo ilusionar a todos con convertirse en el primer campeón mundial absoluto sanjuanino.

"La verdad que nunca pensé que iba a tener un recibimiento como éste. Es la primera vez en mi vida que vengo al aeropuerto de San Juan y no puedo creerlo. Quiero agradecerles a todos, pero también pedirles disculpas por no haber podido traer el cinturón. Venía medio triste por eso, pero recibir todo este cariño me da fuerzas para la nueva etapa que voy a comenzar desde ahora en mi carrera", reflexionó con su habitual sinceridad Muñoz al bajar del avión. Después llegó la caravana y el paseo por el centro sanjuanino, en una noche imposible de olvidar para él, aunque no haya logrado su sueño. Para eso, todavía le sobra tiempo.