El 22 de junio de 1986, Diego Maradona pasó de ser el mejor futbolista del mundo al mejor de la historia de su deporte.
Fueron dos los goles que convirtió para el 2-1 sobre Inglaterra, y ambos pasaron a la eternidad, aunque por motivos distintos. Tal como los dioses de algunas mitologías, los tantos de Pelusa revelaron, uno su naturaleza humana y el coqueteo con el “pecado”, y el otro su condición de dios futbolístico.
Fueron “la mano de Dios” y el gol más impresionante jamás visto en un Mundial.
Revivilos con el relato del inspirado y conmovido Víctor Hugo Morales, el creador del “Barrilete cósmico”.

