Cuando uno ingresaba al bulevar de Carpintería lo primero que saltaba a la vista era la gran cantidad de inflables que demarcaban los sitios de partida y llegada de la carrera. A ellos se agregaban un gazebo y una botella gigante de la empresa que aportó el agua y las bebidas isotónicas.
Después, si uno miraba con mayor detenimiento se daba cuenta que el tramo final de la carrera, los últimos 50 metros estaban demarcados por unas vallas inflables, que también contaban con inscripciones publicitarias.
Otro gazebo, pero tradicional, construido con una estructura de caños y lona servía para que los competidores, especialmente los promocionales que culminaron primero se resguardaran del sol y compartieran una fruta o alguna bebida.
No sólo eso, que era lo más grande y lo que más impactaba, sino también el sistema de clasificación cronometrada con un sistema que tenía un cronometro tipo Led informaba al público del tiempo neto de cada corredor. Algo que es un adelanto que debería imitar el ciclismo en ruta.
Lo que no anduvo, no se vio en el lugar del hecho, según indicaban en la página oficial las clasificaciones se tendrían on-line. De haber sido así, estarían graficando este informe. Hasta el cierre de esta edición no se pudo contar con las posiciones de las distintas categorías.

