El pelotón de ciclismo está lleno de historias anónimas que se pierden en la velocidad y los colores de la caravana. Una de ellas es la de Javier Flores, un vallisto que a fuerza de voluntad, suerte para salvarse de la muerte y capacidad para salir adelante, cumplió su sueño de ser corredor. Nacido en una familia muy humilde, donde una bicicleta de carrera sencillamente era un lujo inalcanzable, Javier salió a trabajar a las gamelas a los 16 años, en Zonda y Media Agua, y juntó moneda tras moneda para armar una bici. ""Por entonces pagaban 25 centavos la gamela. Durante dos años no me compré ni una chomba con tal de ahorrar", recordó. Empezó a correr en La Rioja y a veces venía a San Juan. Con el tiempo, en La Rioja fichó para un equipo y entró a la escuela de Policía. Pero en 2007, entrenando en una ruta junto a tres compañeros, lo embistió de atrás un camión. Fue una tragedia. Uno de los ciclistas murió y Javier quedó malherido. Pero volvió a la ruta y en el Valle se dio el gusto de competir nada menos que ante su gente.
Flores en el Valle

