A su 36 años y para sorpresa de muchos, Oscar de la Hoya, el boxeador más taquillero de las últimas décadas, anunció ayer su retiro de los rings. "No siento dentro de mí el espíritu necesario para seguir como profesional y por lo tanto he llegado a la conclusión que mi carrera profesional está hecha", declaró De La Hoya.

Diez veces campeón del mundo en seis divisiones diferentes, algo inédito en la historia del pugilismo, el boxeador nacido en East Los Angeles le puso ayer fin a una carrera que lo llevó a ganar títulos, gloria y bolsas millonarias, al punto de transformarse en el más mimado de la televisión estadounidense.

El Golden Boy, como fue rebautizado por los aficionados al boxeo, aseguró que su retiro se debía a que ya no podía pelear en "los niveles más altos. Era injusto para mí y para mis fanáticos".

El estadounidense, hijo de mexicanos, de 36 años de edad y 17 de carrera, perdió dos de sus últimas tres peleas, la más reciente por paliza ante el filipino Manny Pacquiao, en diciembre pasado.

Los rigores de esta ruda actividad y la pasión que puso en su nueva función de promotor, con su Golden Boy Promotion como empresa destinada a monopolizar a las figuras del futuro, fueron un obstáculo insalvable para cerrar su carrera de otra manera.

De la Hoya, número puesto para ingresar al Salón de la Fama, se va del boxeo con un palmarés de 39 triunfos, 6 derrotas y ningún empate, con 30 nocauts.

Una trayectoria sin parangón que plasmó en hechos sus palabras a la hora del adiós: "el verdadero significado de mi carrera no fue ganar o perder, sino sentir que mis peleas significaban tanto para los aficionados como para mí. Fue un honor haber peleado para cada uno de ellos".