Pasó Huracán y parece que San Juan es su tierra prometida. Y es que en menos de seis meses el equipo de Parque Patricios dio dos vueltas olímpicas en suelo sanjuanino: primero en noviembre del año pasado ganando la Copa Argentina y ahora, ganando con absoluta justicia la tercera edición de la Supercopa Argentina sobre River Plate, con un gol del chileno Edson Puch. Fue triunfo y fiesta quemera trabajada desde el primero y hasta el último minuto, basada en la gran capacidad defensiva de todo Huracán, el trabajo de sus volantes, la categoría de Toranzo y las ganas de todo el plantel de ganar algo, de hacer historia. Con eso, superó a un River que nunca le encontró la vuelta, que pareció pensar en lo que se viene y que terminó desacomodando un presente feliz que incluye punta en el torneo local y la clasificación en la Libertadores. Eso pareció entregar la final: la concentración absoluta en el presente de Huracán y la dispersión de un River que miró más a Boca que a lo que se jugaba anoche en el Bicentenario.

En el comienzo, la mejor impresión la entregó River que en menos de 10 minutos generó las dos chances más claras con Carlos Sánchez como protagonista. Parecía que el equipo de Gallardo lo resolvería rápido pero se acomodaron los volantes de Huracán y a los 16’ ya le mostró los dientes El Globito cuando Espinoza apareció solo pero definió por arriba. Cuando parecía que todo era paridad, Toranzo metió un pase sensacional para Espinoza, que desairó a Funes Mori, de flojo partido, metió el centro y le sirvió el gol al chileno Puch que la clavó en el segundo palo de Barovero. Iban 21’ y Huracán metía el golpe que le simplificaba su plan de partido porque desde ahí en más, toda la responsabilidad era propiedad privada de River Plate que empezó a equivocar los caminos, perdió precisión y cayó en la impotencia más severa.

Así se terminó la primera parte, sabiendo que en el complemento tenía que ser otro River pero no fue así. Entró igual, sin claridad, sin precisión. Gallardo intentó cambiar eso con los ingresos de Pisculichi y de Driussi pero apenas fue una ráfaga porque si bien mejoró en la presión, llegó con algo más de peligro y apuró al arquero Marcos Díaz, la respuesta de Huracán fue puro orden, calma y convicción de que esta final no se le escapaba. En eso se resumió el trámite del segundo tiempo: en la impotencia de River contra el orden de Huracán.

Cuando se jugó el resto el equipo de Gallardo, la respuesta protagónica la tuvo Marcos Díaz para taparle el empate dos veces a Mora y otra más a Cavenaghi. Huracán lo controló al final, se acomodó para dejarle todo el peso a River y con eso empezó a moldear otra conquista en San Juan sabiendo que el piso del Bicentenario es el mejor escenario para sus epopeyas contemporáneas. Como para decir que es Huracán de San Juan.