El apacible transcurrir de los días en la turística ciudad de La Serena se quebró abruptamente con la irrupción de unos 12 mil argentinos provenientes de distintos sectores del país, que se volcaron sobre la zona de playa ataviados con camisetas argentinas o arrastrando enormes banderas, mientras eran saludados a su paso con sonoros bocinazos por aquellos que habían cruzado la cordillera en autos y camionetas.
Fue una jornada primaveral que, a poco de permanecer bajo el sol invitaba a bañarse como si fuera verano, invitaba al regocijo y hacía crecer las endorfinas del buen humor. Es que cuando de argentinos se trata, ‘no importa en que cancha juguemos’. No hay cordillera que detenga la pasión que despierta la celeste y blanca y acicatea ese patriotismo de exportación que se vuelve más patriotismo.
Las frías aguas del Pacífico que bañan las costas de La Serena son tan celestes como los colores con que se mimetizan los hinchas, que no pierden la oportunidad de jugar un ‘fulbito” en la arena y mojarse los pies cuando la pelota cae al mar.
Desde los edificios de departamentos ubicados sobre la costanera se descolgaron banderas que identificaban regiones del país que iban desde la cercana Mendoza hasta la ciudad bonaerense de Ramos Mejía.
Los cánticos de tablón, habituales y lógicos para los argentinos, sorprenden a los mansos habitantes de esta pequeña ciudad.
Argentina no estuvo sola en La Serena, a pesar de que la reducida capacidad del estadio La Portada (18.500 espectadores) no dejó espacio para la demanda del doble de esa cifra que cruzó hasta Chile. “La mar estaba serena, serena estaba la mar, de pronto llegó una ola (de argentinos), que casi los hace ahogar (a los habitantes de La Serena)”.

