Cambió plata por oro. Ganas por logro. Intención por concreción. Sueño por realidad. B Nacional por Primera División. San Martín es de Primera. San Martín vino a la ciudad de La Plata y no se perdió en sus diagonales. Le puso mucho corazón, jugó el mejor partido del año y cambió plata por oro. Igualó con Gimnasia y retornó a la máxima categoría del país como hace cuatro años. Y finalmente la tercera esta vez fue la vencida. Porque en las dos temporadas anteriores siempre estuvo cerca, pero se desinfló en la recta final y todo terminó en desilusión. En fracaso. Para esta, el futuro parecía el mismo. Porque arrancó con todo con Darío Franco al mando en su debut en el país y con un sistema ultraofensivo. El equipo fue líder hasta que le encontraron la vuelta y cuando aparecieron los primeros nubarrones, y con los antecedentes fresquitos, la comisión directiva buscó otro orientador antes que fuera tarde, y con Daniel Garnero al buen puerto se llegó.
El “Dani” hizo lo suyo. Le puso su toque. Renovó esperanzas en el plantel. Mantuvo la columna vertebral, pero les ratificó la confianza a jugadores que no tenían lugar y a otros los ubicó como estandartes.

Fórmula simple y certera. Porque se las arregló con lo mismo y los resultados están a la vista. Disputó 16 partidos y sólo perdió dos (ganó 9 y empató 5). El sostén continuó siendo Luciano Pocrnjic, Cristian Grabisnki, Andrés Alderete y Sebastián Penco (inamovibles desde su gestación). Hasta allí lo mismo, pero para el resto apostó con el sanjuanino Emmanuel Mas en el lateral izquierdo, le dio cabida al “Tano” Zamponi -que llegó al club sin chance- en la zaga central y se asentó. Galarza fue la solución en la defensa por derecha, consiguió con Raúl Quiroga antes no había sido titular- la alternativa para crear y Roberval le demostró que su cambió de ritmo hace estragos en los rivales. Además, entre Pablo Cantero y Ezequiel Videla alternaron en el medio según el tipo de partido y rival. Y le tiró toda la responsabilidad a Federico Poggi para guiar al equipo. Claro que también tuvo que tomar otras decisiones. Quizá la más notoria fue quitarle un lugar a Marcelo Scatolaro, y la de no apostar a Mariano Messera.

El 4-4-2, 4-2-3-1, o 4-3-1-2. Diferentes sistemas, que tuvieron mucho que ver según el rival de turno. Se le podrá criticar que cedió puntos ante los rivales más débiles que le quitaron chance de ascenso directo. Pero se metió en la Promoción tres fechas antes de finalizar el torneo.

De visitante obligó y volvió feliz. De local marcó tendencia. Garnero logró en este plantel, que desde el jueves está en Primera, un equilibrio que antes se había perdido.