Los manuales del fútbol son claros: tocar por abajo, hacer correr la pelota y no al jugador. Evitar perder la pelota con comodidad y, destaca en todo momento, evitar el juego aéreo porque facilita el trabajo del rival. Esos libros seguro que para esta Promoción, por llegar a la B Nacional, no ocupan un lugar en la biblioteca puyutana. O quizá empezó a escribir su propio manual al ritmo que escribe su historia. Porque el miércoles le ganó a San Martín de Tucumán con centros, pelotas llovidas o juego aéreo. Cualquiera de estos términos definen cómo complicó y superó al Santo.
Desamparados encontró el antídoto para superar al oficio y con algo tan simple como negado, abrió una defensa y un esquema con mucho oficio y partidos encima como el de Pedro Monzón. ¿El antídoto? Centros al corazón del área. La solución ideal para derrocar una estructura y desde ahí desarmar el planteo tucumano. Emmanuel Reinoso se hizo fuerte donde las definiciones abundan pero no se concretan. Ganó en las alturas tres veces seguidas y más allá que en ninguna tuvo final feliz, San Martín se empezó a impacientar.
Fue la fórmula para frenarlos. Porque desde el inicio del encuentro marcaron diferencias. El cambio de ritmo, la lucha mano a mano, el trato con la pelota y la forma que ocupar los espacios. Es decir ese oficio con el que los Santos llegaron a San Juan y que lo pusieron a la vista. Pero de a poco Desamparados le puso la piedra en el camino y lo que insinuaba lo concretó a las 30 del primer tiempo. Tiro de esquina y gol de Lisandro Beratz. Todo lo que intentó lo concreto y fue clave para ponerle ‘stop‘ al ideal tucumano.
Todo lo bueno que ellos hicieron, lo perdieron cuando Desamparados encontró y sacó factura de su antídoto. Luego todo se emparejó. Lamberti puso esa vitamina H para batallar, Garrido encontró la pelota, y lo fundamental, la dupla Barth-Beratz para frenar en el fondo y darle seguridad al resto. Empezó así a desnudar las falencias de San Martín, que se quedó sin reacción y en esa batalla sin ideas fue cuando a Sportivo lo llamaron a su juego y del que saca el mejor provecho.
Incluso pudo aumentar, siempre con centros, su arma con la que apuñaló a la visita. Sobre el final se quedó sin piernas tras el enorme desgaste y cuidó ese gol. Sacó ventaja y lo mejor, ahora sabe con que antídoto herir al rival.
