Dio todo. Fue con alma, corazón y vergüenza. Eso sí, le faltó una dosis de buen juego y también mayor efectividad. Por eso el empate (1-1) que logró Unión de Villa Krause ante el puntero del grupo, 9 de Julio de Morteros, tuvo ese sabor agridulce que mezcla sensaciones diferentes. Las buenas, porque después de tanto esfuerzo logró el empate. Y las malas porque desperdició oportunidades clarísimas (y también tuvo mala suerte en otras) que podrían haberle dado los tres puntos. Esos puntos que tanto necesita para asegurarse uno de los cuatro lugares que clasificarán a la siguiente ronda.
Lo cierto es que en ese ir y venir de sensaciones encontradas, ayer, en la cancha Azul, salió un partido entretenido. Con alta dosis emotiva desde que empezó nomás. Con buen juego en varios pasajes. Con muy buenas actuaciones de los dos arqueros. Pero con ciertas imprecisiones que se dieron fruto del cansancio de ambos.
La historia tomó un rumbo impensado desde el mismo inicio. Es que de un córner a favor para Unión (a los 5’), nació el gol visitante. Un cabezazo de la defensa de 9 de Julio dio pie para un pelotazo al rápido Wassinger, quien desbordó por izquierda y metió un medido centro al segundo palo. Capitalizó Federico Acevedo y la mandó a guardar. El grandote, por una cuestión lógica, no lo gritó por su pasado Azul. Pero mostró gran efectividad para la diferencia.
El equipo de Víctor Hugo tardó en reaccionar. Y, cuando lo hizo, empezó a abusar de los pelotazos frontales. Sólo el ‘Luto’ Molina se mostró hábil y pensante, pero no tuvo un socio para lastimar la defensa del puntero. Igual contó con chances claras. Como esa de Herrera, a los 21’, que no pudo tocar el centro de Sesma. O la de Gigena, a los 30’, después de una notable jugada en conjunto que el grandote tiró de rastrón y se fue besando uno de los palos. O aquella de Herrera, a los 45’, que tiró sorpresivo y su remate dio en el otro palo. 9 de Julio también tuvo las suyas pero el arquero local Rodrigo Tula, de trabajo espectacular, ahogó el grito de los Celestes dos veces.
En el complemento, todo siguió igual. Con la visita abroquelado en el fondo y con Unión con la bandera del ataque. El tiempo se consumía y, parecía cosa de brujas, el local no podía empatar (el arquero González le sacó del ángulo un tiro libre del Luto Molina y Gigena estrelló un cabezazo en el palo). Hasta que llegó el fatídico minuto 28 (en especial para el arquero visitante). Porque el ‘1’ no retuvo un centro, la pelota le dio a su compañero Figueroa y se fue mansa al gol. Era merecido, por todo lo que había dado Unión.
Los minutos que siguieron mostraron a los dos equipos demasiado cansados. Y llegó (a los 50’) ese pelotazo de Tula que casi se convierte en el segundo gol Azul. Raro, pero empate final.

