Así no. El camino a la esperanza, se desdibuja. Con un San Martín que no puede dar ventajas, este mismo San Martín las ofreció en cómodas cuotas y sin intereses ante Arsenal. Durmió, se equivocó en el amanecer de cada etapa y lo pagó con una derrota que lo condiciona feo, que le saca seguridad y que lo sumió en el fondo de los promedios. Así no. Ese camino se está diluyendo y si bien falta mucho por jugar en toda la temporada, este es uno de esos partidos que no se podían rifar y San Martín lo rifó.
1 Aturdidos
Cuando hay tanto en juego, cuando los cruces empiezan a ser mano a mano y en el fixture ya pasaron los peso-pesados, San Martín no puede dar ventajas. Lo sabe muy bien y pese a eso, contra Arsenal -un rival directo- las dio y le salió mal la historia. Empezó dormido. Tanto que antes de los 4′ de juego ya perdía. El dibujo del primer gol de Arsenal lo dijo todo: la pelota, de arco a arco, apenas tocó una vez el piso. Esa siesta fue fatal y condicionó a todo el planteo de San Martín que tenía otro partido en mente y de pronto, tuvo que jugar desde la desventaja. Ofreciendo más flancos, siendo más permeable. La pasó mal los primeros 15′ cuando Arsenal lo tuvo contra las cuerdas. Después se armó mejor pero ya había perdido la tranquilidad para elegir el mejor camino. Eso fue determinante pese a la reacción anímica que esbozó el conjunto verdinegro. Pudo haber empatado aunque no llegó a concretar un mano a mano en esos primeros 45′. Pero lo peor vendría después, porque la siesta volvió a repetirse en el comienzo del segundo tiempo y lejos de la polémica del penal a Obolo que sancionó Alvarez, quedó para marcar la poca coordinación en la defensa en la jugada previa al segundo gol. Hubo amague de jugar al offside, dudaron y lo pagó mal. Eso lo condicionó tal vez para todo el partido.
2 Desconocidos
San Martín fue víctima de sus propias limitaciones: las que traía a cuestas y las que se generó con ese arranque dubitativo en cada una de las dos etapas del partido con Arsenal. Eso, le terminó quitando vuelo, generación, seguridad. Eso, lo condicionó y le terminó desdibujando el trabajo de elementos vitales en su andamiaje como Grabinski, Poggi y Penco. San Martín fue un puñado de voluntades ante un Arsenal que no fue mucho más que orden y contundencia para aprovechar las que se generó. Atrás, las dudas fueron fatales. En el medio, las ganas de Poggi no alcanzaron para ser el revulsivo que despertara a todos. En ataque, la potencia de Penco no alcanzó para autoabastecerse. San Martín no pudo nunca. Quiso y se topó contra sus limitaciones en una noche de desconciertos.

