Jorge Martínez Boero contaba con sólo nueve años cuando una multitud llevaba en andas a su padre, el ‘Gaucho de Bolívar‘ y de idéntico nombre que su hijo, por adueñarse del título del Turismo Carretera y desde allí su vida se alimentó en un mundo fierrero que tuvo su final ayer en su segundo Dakar como motociclista.
Este año se cumplían treinta años de la consagración de su padre como campeón del TC y Jorge quería homenajearlo llegando en su segundo Dakar, pese a que el Gaucho murió en 2004 por un cáncer que alimentó con su adicción al cigarrillo.
Jorgito, como lo llamaban en Bolívar pese a sus 38 años, o ‘gauchito‘, para diferenciarlo de Jorge y el Gaucho, propio de su padre, se había embarcado en el Dakar ni bien la competencia se instaló en tierra argentina. Quiso correr desde el vamos, pero no pudo y recién lo hizo en 2011.
Ya había quedado colgado de un barranco en Iquique (Chile) el año pasado pero siguió con la fuerza propia de los locos por la velocidad.
Piloto de avión, corredor en competencias de Enduro, siguió junto a Mauricio ‘el Gato‘ Gómez, de Olavarría, preparando el duro desafío para este Dakar para “disfrutarla y terminarla”, el objetivo básico de todo piloto de los que saben que no son de punta.
Junto al corredor de cuatriciclos, Pablo Copetti , el oriundo de Bolívar formaba parte de un proyecto solidario. El viernes, había recibido a los chicos y madres de Aldeas SOS Mar del Plata, en una primera etapa del Dakar. Incluso ayer tenia una cita con los niños del Desayunador Comunitario de Villa Germinal, en Santa Rosa, lugar donde descansa la carrera tras su primera etapa.
Era tan fanático de la velocidad que en junio pasado no dudó en subirse a una lancha de competición y lo hizo arriba de la máquina del campeón argentino, Gustavo Martínez.
Por esas paradojas que tiene la vida, dejó un mensaje anteayer en su cuenta de Twitter, a modo de deseo y que terminó siendo un legado. “Felicidades a todos. Gracias por los mensajes. Voy a dar todo, lo que no mata, fortalece‘, escribió tras conocer que se rompió el camión de asistencia, complicando aún más su participación en la carrera. Y en otra ironía del destino, se conoció tras su deceso que Jorge había estado hace un mes entrenando en la misma zona donde se accidentó de manera fatal.
Bolívar hace treinta años festejaba la consagración de uno de sus hijos, hoy llora a otro, que quedará como el primer piloto argentino muerto en un Dakar.

