Como todos los años el lanzamiento de la Vuelta de San Juan genera un movimiento atípico en el paseo principal de la provincia. La Plaza 25 de Mayo se llena del colorido de las casacas de los ciclistas, retumba en las voces de los aficionados que se acercan para mirar y admirar las bicicletas y sacarse fotos con los corredores.

Mientras se aguarda la bendición que anualmente da el padre Rómulo Cámpora uno levanta la vista y se topa con alguna figura reconocida del ambiente que está dando una mano a uno u otro equipo o recibe el saludo de algún colega que, al igual que la gente, vive la Vuelta como un acontecimiento especial y desea suerte a todo el mundo.

Las promotoras, cada vez más lindas, adornan ese escenario imaginario que por un lado tiene las movilidades de las autoridades donde los ciclistas deben firmar la planilla y por el otro con las movilidades de auxilio donde un ejercito de voluntariosos colaboradores se fija si está bien tapada la conservadora donde se guarda como un tesoro el líquido elemento que hidratará a los ciclistas.

Es común que, en La Vuelta, muchos representantes de los medios estrenen indumentaria, como si fuera una de las fiestas de fin de año.

Y, a medida que el reloj se acerca a las cinco de la tarde una sensación de ansiedad, mezclada con incertidumbre y alegría invade a todos, ciclistas, técnicos, auxilios, autoridades, periodistas. Es la esperanza que se renueva en que la carrera cumpla con todas las expectativas. Al fin de cuentas, es la Vuelta, la carrera del pueblo.