Buenos Aires.- ‘Padres, encierren a sus hijas, llegó Dani, anunció un periodista inglés en 1996 para confirmar que la máxima promesa del fútbol mundial llegaba al West Ham proveniente del Sporting de Lisboa, su club de origen, desde donde había sido cedido a préstamo con el objetivo de que la Premier League pudiera disciplinarlo en su vida de jolgorio fuera de las canchas.
La historia de Daniel Da Cruz Carvalho (Lisboa, noviembre de 1976) es la de un futbolista que sucumbió ante su belleza. El delantero formó parte de una de las camadas más ricas del fútbol portugués, siendo contemporáneo de jugadores como Ruis Costa, Ricardo Sá Pinto o Luis Figo, este último con quien compartió vestuario. Tenía un talento asombroso pero era, también, demasiado lindo para soportar las presiones del fútbol profesional.
Dani se formó en el Sporting y allí marcó todo un récord al debutar en la primera del club a los 17 años. A los 19, en tanto, fue uno de los futbolistas más destacados del Mundial Sub 20 disputado en Qatar en 1995 y en el que la Selección Argentina de José Pekerman se consagró campeón con un solo partido perdido, ante Portugal en la segunda fecha de la zona de grupos, al caer 1-0 justamente con gol de nuestro protagonista. Aquella conquista estuvo considerada como una de las tres mejores del certamen.
Para el Sporting de Lisboa Carvalho jugó 10 partidos pero así como crecía su prestigio en la cancha, también sus excesos afuera. Salidas nocturnas, romances escandalosos y llegadas tardías a los entrenamientos fueron suficientes motivos para que Carlos Queiroz, el técnico, sugiriera al club un préstamo a una Liga más profesional para fomentar un cambio de mentalidad.
Así fue que en el mercado de invierno europeo de 1996 Dani fue cedido a préstamos al West Ham United que dirigía el técnico inglés Harry Redknapp, quien tras recibir al guapísimo portugués mencionó una famosa frase: ‘Dani is so good-looking I don’t know whether to play him or fuck him’ (‘Dani es tan lindo que no sé si ponerlo a jugar o acostarme con él’).
Su presentación en Londres no pudo haber sido mejor: el 11 de febrero de 1996 marcó el gol del triunfo de West Ham ante Tottenham en el derby y nada podía detenerlo a sus 19 años. Tenía todo: fama, dinero, una imagen envidiada…. Nada excepto Redknaap, quien una noche salió a buscarlo por las discotecas más visitadas por las estrellas y lo encontró. Antes, Dani había recibido una serie importante de advertencias que no fueron escuchadas. Los Hammers decidieron romper el contrato con Carvalho y, así, el futbolista que en la cancha deslumbraba estaba sin club a sus 20 años.
En Londres el portugués le sacó rédito a su costado más hedonista porque en paralelo a su carrera como jugador también desarrolló la de modelo y recibió invitaciones para participar de estrenos de películas en Hollywood, de carreras de Fórmula Uno, de prestigiosos programas de TV. El mundo del joven incluía, además, un auto Jaguar con un conductor a su disposición las 24 horas para suplir su prohibición de conducir a su edad.
Pero todo terminó en Inglaterra. Allí ya no hubo lugar para su fútbol y entonces se fue a Holanda, para jugar nada menos que en el Ajax, donde fue bien cobijado por el entonces exitoso técnico Louis Van Gaal. ¿Había llegado ya su tiempo para madurar? No. En Holanda dio lo mejor de sí como futbolista: jugó 72 partidos e hizo 12 goles, uno recordado por sobre el resto, que fue ante Atlético Madrid en cuartos de final de la Champions League 1996/97. Fue un partidazo que los de Ámsterdam ganaron 4-3 con un golazo de Dani que aún figura entre los más recordados de la historia del club.
Más allá de alguna indisciplina, Carvalho había sido bastante bien controlado por Van Gaal pero el entrenador se fue del club holandés para iniciar su exitoso ciclo en Barcelona y el delantero volvió a perder el control. Noche, mujeres, alcohol, lesiones constantes provocadas por su estilo de vida y otro final abrupto. En 2000, cuando tenía apenas 24 años, el club le abrió las puertas de salida.
Daniel Da Cruz Carvalho regresó a su país para jugar en Benfica. Creyó su círculo que sentirse en casa lo haría reflexionar pero ocurrió todo lo contrario. Sus amigos de siempre estaban aún más cerca, las mujeres caían rendidas a sus pies. Las ausencias en los entrenamientos se contaban de a decenas. En Las Águilas jugó apenas cinco partidos y no hizo goles.
Tampoco lo quisieron más allí y el fútbol, que siempre da vueltas, terminó abriéndole la puerta del Atlético Madrid, el club al que había condenado a la eliminación de la Champions con su golazo en el Calderón cuatro años antes. Jugó un total de 64 partidos con 10 goles convertidos, entre la segunda división y la Primera, luego de formar parte del equipo que logró el ascenso en la temporada 2002/03, dirigido por Luis Aragonés y del que formaban parte los argentinos Fabricio Coloccini, Germán Burgos y Juan Gómez.
Dani fue campeón de una Liga y dos Copas de Portugal. Se consagró también en una Liga de Holanda con el Ajax. Escribió también su nombre en la selección de su país, para la que debutó con 17 años y 204 días, todo un récord. Con la camiseta lusa jugó nueve partidos y, aunque no marcó goles, se lo recuerda como una de las grandes figuras de los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996.
Los diarios hablaban de él. En la TV emitían informes con su nombre, tan sinónimo de fútbol como de excesos. El deporte, cada vez más profesional, ya no le hizo lugar y la carrera de Daniel Da Cruz Carvalho, llamado a ser el mejor del mundo en su época, terminó a sus 27 años. ‘El fútbol es un mundo complicado y, a veces, la gente tiene que tomar decisiones con el fin de proteger su lado humano, a diferencia de su vida profesional. Después de dos malas experiencias en el Benfica y el Atlético de Madrid, decidí volver a Portugal y tomar un descanso, a pensar en jugar al fútbol si era realmente lo que quería hacer. Resulta que decidí retirarme ya que creo que es la decisión que tenía que tomar para proteger mi vida personal’, explicó sobre su sorpresivo final tiempo después.
Luego de llamarse a silencio por un tiempo, Dani se dedicó a los medios. Fue presentador de TV en su país y se transformó también en referente del modelaje. El fútbol había quedado atrás pero no el recuerdo de lo que hizo con la pelota al pie y la duda de cuán lejos pudo haber llegado si la diversión afuera no hubiese sido su consigna de vida.
