La gente del fútbol, especialmente los técnicos y exjugadores, dicen que lo mejor del fútbol, está dentro de la cancha. Pero qué sería del fútbol como fenómeno popular si no contara con la efervescencia que llega desde las tribunas.
Ayer, aún con muchos espacios vacíos por la falta de público visitante, como resultante del acuerdo dirigencial luego de los hechos de violencia ocurridos en Concepción en oportunidad del partido del Clausura del 2012, las voces de la tribuna se hicieron sentir. Y si bien hubo algunos que hicieron sentir sus voces de desacuerdo con algunos jugadores y dirigentes, en general, durante los 90 minutos se dedicaron a alentar al equipo.
Los clásicos cantos taparon el minuto de silencio por las “piernas caídas”, uno de los dos hechos criticables.
El otro fue el momento en que Godoy Cruz anotó el tercer gol y un pequeño grupo comenzó a hacer explotar petardos, lo que generó que el árbitro, Trucco, suspendiera momentáneamente, por dos minutos, el encuentro. En ese lapso hubo también algunos, lamentablemente siempre los hay, que opacan la fiesta colgándose del alambrado. En una actitud que perjudica directamente al equipo, primero, y al club, después.
Por fortuna, algunos de los integrantes de la hinchada los convencieron de la inconveniencia de la acción y evitaron que el partido fuese suspendido de manera definitiva.
¿Por qué este tipo de hechos perjudica al equipo? Porque, aún jugando mal o pasando por un momento de bajo rendimiento, los jugadores se salen del cauce de concentración que necesitan para intentar revertir un resultado.
¿Por qué perjudican al club? Sencillamente porque lo dejan expuesto a tener que recibir sanciones monetarias y suspensiones que, a la corta o a larga siempre inciden de manera contraria contra los objetivos deportivos propuestos.
Es cierto que cuesta transitar el viaje en el que está metido San Martín. Pero también es verdad que si se toma el posible descenso como un drama no se hará más que generar un clima de incertidumbre, cuando lo que se necesita es saber que se cuenta con el apoyo en las buenas y en las malas.
Hay muchos ejemplos recientes, incluso de clubes grandes como River y, actualmente, de clubes del interior como Olimpo de Bahía Blanca, donde descender no significó la vida o la muerte, sino un paso atrás para tomar impulso, aprender de los errores y volver con más ganas, ansias y convicción.
Ayer la gente empujó al equipo con su aliento. Ayer la comunión que debe existir entre los de adentro y los de afuera ganó en madurez y cordura.
Tratar de quedarse en Primera es un esfuerzo de todos, jugadores, dirigentes e hinchas. Si cada cual atiende su juego y no se desmadra de la meta, es posible.

