Nosotros, los argentinos, es indudable que llevamos el fútbol en la sangre. Forma parte integral de nuestras vidas. Es, como hace alusión esa propaganda de TyC Sport por la tele, en la que hinchas de otros países admiran cómo los argentinos juegan, lloran o disfrutan del fútbol. Como que no entienden los porqués tanta devoción de los jugadores para con este deporte.
Por eso no tiene que llamar la atención que ayer, más de 5.000 almas esperaran al equipo cuando arribó al país. Podrán decir que fue una imagen rara. Inesperada si se quiere, porque el equipo llegó con las manos vacías desde Sudáfrica. Inclusive sufriendo una dolorosa goleada que marcó el sufrimiento en los corazones de todos.
Dicen, y está plenamente comprobado, que la expresión de las masas es la más genuina de los momentos. Y ayer, en Ezeiza, quedó comprobado que entre este equipo, que tiene un referente indiscutido como Diego Maradona, y la gente existe un feeling especial. Un lazo de admiración, devoción y entrega. Está claro que la gente entiende que, al margen de planteos tácticos o rendimientos técnicos, este grupo dio lo que más pudo en el Mundial. Y por eso fue a esperarlos. A hacerles conocer que seguían contando con su apoyo incondicional. Y que además existe un sentimiento que va más allá de los resultados. Por eso la esperanza. Aunque todo sea un volver a empezar. Porque, al fin y al cabo, la sangre del fútbol en los argentinos es la vida misma…

