"Esto no es lo que yo quería. Usted sabe que yo quería llevarme el título", dijo Mauricio Muñoz ayer desde la lejana Kobe. Las lágrimas no le dejaban cerrar la frase. Él aún no tomó dimensión de la derrota que sufrió ayer, y que lo enriquece como boxeador. Perdió contra el mejor dando batalla. Cayó con las botas puestas. Fue bravo en el terreno del más bravo.
"Sabe que no sentí la mano con la que me inflamó el ojo. Si no me había pegado neta ninguna a la cara. No sé si me metió el dedo, me preocupé y después no podía ver. El golpe con el que me tiró no lo vi venir…", dijo haciendo esfuerzos para contener el llanto.
Lo tranquilizó saber que la afición sanjuanina valoró su valentía. Que la gente del boxeo y los que no lo son pero vieron su pelea quedaron satisfechos por su entrega. "Yo lo tuve, me di cuenta que sintió la mano en el tercero y en el quinto, tal vez si no me hubiera apurado…", completó hablando de su vigésimo cuarta pelea como profesional.
Después, comentó: "Él tiene mucho oficio, cuando se vio complicado me pegó abajo e intentó trabarme".
A medida que avanzaba la noche japonesa, media mañana argentina, y después de explicar que se encontraba bien físicamente, Muñoz contó que Mauricio Sulaiman, hijo del presidente del Consejo Mundial de Boxeo, lo saludó y le prometió que lo mantendrá en el sexto puesto del ranking y que de confirmarse la versión de que Nishioka subirá de categoría, estaría dentro de los aspirantes a la corona vacante. "Me dijo que había hecho una gran pelea y que me ayudaría para que tenga una nueva oportunidad de pelear por el título mundial", culminó.

