¿Chino, que broma es esta? No es verdad que te has ido para nunca más volver fisicamente.
No, vos que estas lleno de proyectos. Vos que tenes dos niños chiquitos. Vos que viviste por y para ellos.
Por y para el ciclismo.
¿Chino, que broma es esta? Extrañaremos tu sonrisa. Es difícil concebir el ciclismo sin tu aporte. No serán lo mismo las carreras sin tu jerarquía de corredor de raza. Cuesta asumir tu muerte, como cuesta aceptar estas decisiones de Dios que, no tienen explicación lógica.
Posiblemente al pelotón celestial le faltaba un líder alegre como vos. Optimista como vos. Lleno de proyecto como vos que el fin de semana pasado me contabas que a los 28 años te sentías maduro como deportista para encarar proyectos como los 40 kilómetros de la contrarreloj del Argentino que se disputará el 3 de mayo en Salta. O sentirte pleno para encarar un trabajo que te permitiera mejorar tus prestaciones en el ascenso para, intentar pelear la victoria en la Vuelta de San Juan 2014.
Chino, como Roberto Carlos, dejaste un millón de amigos. Porque no tenías enemigos, si rivales en lo deportivo, pero nunca gente que no te quisiera. Fuiste un deportista enorme. Pero más grande fue tu dimensión como persona de bien. De pibe sano. De muchacho sencillo que siempre aportaba alegría a los grupos que integraba.
No fuiste un campeón. Fuiste un campeonisimo. Es difícil escribir en pasado cuando están tan frescos tus logros, el último tu aporte para que la cuarteta de la Persecución ganara el oro el pasado 12 de octubre en el velódromo "Héroes de Malvinas".
Con sólo 28 años conseguiste ser el ciclista sanjuanino que más medallas doradas nacionales ganó en la Pista. Te faltaron clásicas, es verdad, pero te consagraste campeón nacional de ruta sub23 en crono y campeón nacional de ruta elite. La historia dirá que ganaste la primera y por ahora, la única, carrera con reconocimiento UCI del calendario sanjuanino: El Giro del Sol 2009.
¿Chino que broma es esta? Se que tu vida pasaba por sacarle una sonrisa a todos. Desde el canto de las cumbias con las que alegrabas las concentraciones. Siendo la banca de aquellas partidas de siete y medio kilómetricas en los viajes de la Selección, cuando te paseabas por el colectivo haciendo sonar las monedas en los bolsillos de tu campera.
Aunque se que en el periodismo escribir en primera persona es una norma que no debe utilizarse. Porque al lector le interesa saber que es lo que les pasa a ustedes, los protagonistas, y no lo que piense el redactor, el puente entre el acontecimiento y ellos. Me tomé la atribución de salir de mi licencia, sin duda la más triste de todas, porque tuve la suerte de ser testigo directo de tus victorias más importantes.
No puede dejar de recordar aquel cambio de palabras en el Nacional de Pista de Mendoza, cuando vos estabas sobre el rodillo, a media hora de iniciar la prueba de vueltas puntuables y te pregunte escuetamente: "Emanuel, como estas". Tu respuesta fue lacónica pero tu mirada convincente: "Me siento muy bien, voy a ser campeón". Tus ojos brillaban, como decía Rocky Balboa, transmitían la "vista del tigre". Querías ganar y no sólo lo hiciste de manera excepcional, no diste chances a tus rivales.
Luego vinieron otras victorias. Y también muchas derrotas. Es la ley del deporte. Se gana y se pierde. Lo importante es competir, como decía el Barón Pierre de Coubertin. Y hacerlo como lo hiciste vos, desde aquellos primeros años, cuando corrías con los zapatos con los que ibas a la escuela porque no tenías zapatillas, es lo que te hizo grande.
Chino, me cuesta dando escribir esta nota tanto como a vos subir el Colorado. Luego de haber escrito tantas crónicas victoriosas, redactar estas líneas me insumen un esfuerzo extraordinario, por el dolor de saber que no estarás más engalanando un pelotón como lo hiciste durante toda tu vida. Porque cuando uno iba a una carrera contigo sabía que no se vendría con las manos vacías. Que algo, aún sin sentirte pleno, harías para que el nombre de San Juan figurara en el clasificador nacional.
Emanuel fuiste un deportista extraordinario. Sólo superado por tus cualidades de persona de bien. Y no es poco. Es el legado que dejas a tus dos pequeños hijos, a tu joven esposa y a tu desconsolada familia. Por ello, sólo puedo decirte gracias. Y lo único que tengo para regañarte es que dejaste al ciclismo sin tu sonrisa. Franca, fresca, leal. Y por sobre todas las cosas, contagiosa. Esa sonrisa que aglutinaba amigos, entre los ciclistas de distintas generaciones.
Estamos desvastados. Nos duele el alma. Pero tu inmensa generosidad nos dejará tantos recuerdos, que cuando los evoquemos, nos haran brotar una sonrisa.
