El clásico entre Boca Juniors y River Plate finalizó igualado en un gol al cabo de un desarrollo que se hizo completamente irregular durante el segundo tiempo, y en el cual el fútbol estuvo casi ausente. River salió ganando desde el comienzo con el gol conseguido por Manuel Lanzini, a los 49 segundos, ejerció una superioridad neta durante el primer tiempo, y tuvo la victoria a su disposición, pero dejó pasar su momento y nunca se terminó de recuperar tras el gol de Boca. Por su parte Boca estuvo expuesto a una catástrofe, encontró la igualdad cuando no le correspondía, aunque jugó mejor en un segundo período anormal, y estuvo cerca de la victoria en el tramo final, pero los tres puntos hubieran sido un premio excesivo. A partir de la expulsión de Ramón Díaz, a los 22 minutos del segundo capítulo, se produjo la primera interrupción del juego, pero el partido se desvirtuó a los 30, cuando se produjo un nuevo corte, de 7 minutos, que fue provocado por el público de Boca, el cual tiró bombas de estruendo y de humo, y se colgó del alambrado. No había transcurrido el primer minuto cuando Guillermo Burdisso, después de un buen quite, desde el suelo habilitó involuntariamente a Carlos Sánchez. El uruguayo ejecutó el centro desde la derecha que cayó en el medio del área, por donde apareció Lanzini, en soledad, para con un perfecto cabezazo colocar la pelota a la izquierda del arco defendido por Agustín Orion. El 1-0 condicionó todo lo posterior, ya que Boca aceleró, no encontró la fórmula en ataque, y chocó permanentemente, mientras River ganó seguridad. A los 38 minutos, llegó el gol de Boca. El uruguayo Santiago Silva jugó con Pablo Ledesma y el cordobés alargó para Erviti, quien giró y tocó hacia el medio por donde apareció Silva. En el segundo episodio parecieron invertirse los roles, porque Boca salió seguro y dominante, ante un River que no se había recuperado del impacto que significó el gol de Silva. A los 2 minutos, Lautaro Acosta ejecutó un córner desde la derecha, cabeceó Burdisso, y por poco no llegó Marín. Después llegó el caos y la interrupción, la última por la pirotecnia que se arrojó sobre el arco defendido por Barovero, y el partido terminó de desvirtuarse.

