Los hinchas de Vélez Sarsfield tuvieron que esperar cuatro horas para gritar campeón porque la desprolijidad del fútbol argentino determinó que su partido frente a Huracán (2-0) y el de Lanús ante Argentinos Juniors (0-1) no se jugaran al mismo tiempo.

Por eso, el pueblo velezano, que ayer no pudo ir a Parque de los Patricios a ver a su equipo por la intolerancia de los simpatizantes de su rival en un partido ante Estudiantes fechas atrás, se congregó en el club y en sus cercanías para seguir las acciones de ambos encuentros.

La historia comenzó temprano, a las 14, en la cancha de Huracán, y terminó más tarde, a las 20, en el estadio de Lanús.

Un nutrido grupo de hinchas del "Fortín" siguió las alternativas del partido que sostuvieron Lanús y Argentinos Juniors, en la confitería del club, y tras la derrota sufrida por el "Granate" salió a la calle a festejar la obtención de un nuevo título.

Estos hinchas fueron los que permanecieron en el club, tras ver en pantalla gigante el encuentro que Vélez le ganó a Huracán en Parque Patricios, ya que la mayoría regresó a sus hogares para seguir las alternativas de Lanús-Argentino por televisión. Apenas concluido el encuentro que se desarrolló en Lanús, muchos hinchas se congregaron frente a las puertas de la cancha, munidos con camisetas, banderas y cornetas para expresar su alegría por una nueva conquista, mientras esperaban la llegada del flamante campeón.

En el medio, durante cuatro horas, miles de hinchas de Vélez le rezaron a todos los santos para que Lanús perdiera y así poder celebrar su octavo título a nivel nacional.

Y tanto rezo dio resultado, ya que Nicolás Blandi, a los 12 minutos del segundo tiempo, convirtió el gol con el que Argentinos ganó por 1 a 0. Ese tanto hizo delirar a la gente de Vélez, que por la tarde ya merodeaba el estadio y que cerca a las 20 desataba la fiesta en Liniers.

El plantel, en tanto, hizo su trabajo en la cancha de Huracán y después se trasladó a la Villa Olímpica de Ituzaingó para buscar sus automóviles e irse a sus hogares. Así, escoltado por la policía, el ómnibus los trasladó a la Villa Olímpica. Y luego cada uno, por su cuenta, se fueron a sus hogares.

Después, a las 20, cuando el título era un hecho, los dirigentes velezanos anunciaron que la fiesta se trasladaba a Liniers, donde los hinchas ya estaban gozando de un nuevo título.

Tal vez sin tanta organización, porque no había nada armado, los festejos se realizaron en el estadio.

Allí, hinchas, jugadores, cuerpo técnico y dirigentes disfrutaron una vez más de las mieles del éxito. Algo que a esta altura parece ser una linda costumbre.