Aquella frase futbolera que "’los clubes están por encima de las personas”, Ramón Díaz decidió ayer dejarla de lado cuando fue expulsado en la Bombonera y en su retirada, en pleno campo de juego, le "marcó’ a los hinchas de Boca que él no era de la B, como le cantaban los xeneizes. Como mínimo, al riojano su verborragia le jugó una mala pasada. Quiso hacer algún tipo de frente a semejante y lógica reprobación para con su persona y equivocó por completo el camino. Se avergonzó de la historia del club de sus amores donde él ocupa el sitio privilegiado de ser el técnico más ganador en los 111 años de vida.
Ramón decidió "despegarse’ de la página más oscura de River y se puso por arriba de todos. Ya al asumir en su tercer periodo había mostrado su arrogancia con aquel "’conmigo en el banco, River no descendía”. Si bien fue un palo directo al presidente que lo tuvo que ir a buscar más por pedido popular que por su convicción como Daniel Passarella, creyó que de esa manera se distanciaba de semejante fracaso. Díaz es fanático de River, eso está claro. Pero él ni nadie puede ubicarse por encima de un club. No es la manera, mucho menos, para alguien que tiene semejante función y cuyas palabras se multiplican por mil. Todavía ningún portal de internet hizo una encuesta con los hinchas de River sobre qué les pareció ese gesto de Ramón. La respuesta, imagino, no favorecerá al coach.
Díaz dio siete vueltas olímpicas en el club de Núñez. Lo llevó a lo más alto del continente en 1996, aunque luego no pudo coronarse en Japón ante la Juventus. Consiguió doblete en un mismo semestre como la Supercopa y el Apertura de 1997. Pero ayer, parafraseando a su ex compañero en la selección, Diego Armando Maradona, se le escapó la tortuga.
