El debate que generó el accionar arbitral en la ya famosa jugada en Vélez-Arsenal, que parece insólito teniendo en cuenta que finalmente se hizo justicia, es el mejor ejemplo de que los jueces deben contar con el aporte de la tecnología para determinados fallos.
El árbitro Germán Delfino tiene derecho a volver atrás un fallo, pero no mediante la tecnología porque el reglamento no lo contempla.
El entrenador de Vélez, Miguel Russo, dio por seguro que el cuarto árbitro, Lucas Comesaña, quien comunicó el error inicial de Delfino de cobrar un penal a favor del "Fortín" y expulsar al colombiano Daniel Rosero Valencia, fue avisado por un auxiliar de televisión de lo que realmente había ocurrido en el área. Delfino habló de trabajo en "equipo" y dijo que cambió el fallo por aclaración de un asistente.
Pero, ¿qué hubiera pasado si Russo tenía razón y Comesaña le dio su versión a partir de un mensaje de un auxiliar de TV, al que se lo vio hablando con el cuarto árbitro en momentos de las quejas del banco de de Arsenal? Comesaña hubiera incumplido el reglamento y hubiera provocado que Delfino también lo infringiera.
¿Qué hubiese pasado si Comesaña, avisado de la realidad por la TV, no le transmitía el mensaje al árbitro principal? Hubiera habido penal para Vélez y Arsenal se hubiese quedado con un jugador menos. Hubiese sido una injusticia, pero todos hubieran cumplido con el reglamento.
Falta un eslabón para unir las normas con la verdad y la justicia en este tipo de situaciones inusuales. Y queda en claro, en el ya bastante trajinado siglo XXI, el fútbol lo tiene a mano.
Por Jorge Neri
Agencia DyN
