Si San Martín mantiene grandes esperanzas de lograr la permanencia en Primera, uno de los principales responsables es su actual entrenador, Rubén Darío Forestello. El Yagui asumió hace siete partidos y desde entonces, más allá de la caída en su estreno ante Godoy Cruz, se notó un cambió radical en el Verdinegro. Los fríos números así lo marcan en comparación con la campaña de su antecesor, Gabriel Perrone. El exgoleador suma hasta ahora el 52% de los puntos (11 de 21), contra el bajísimo 20% del técnico que estuvo en los primeros cinco juegos del torneo Final y acumuló sólo tres unidades. Para esta remontada del club de Concepción se dieron cambios tanto dentro como fuera del campo de juego: en el césped, lo más resonante fue la salida del capitán, Luciano Pocrnjic, como también la modificación del sistema táctico. Claro que la salida de Lucho también resultó un mensaje evidente para el resto de que nadie era insustituible. Mientras que en su discurso marcó una distancia profunda de su antecesor al cultivar el perfil bajo en todo momento y demostrar sus conocimientos del plantel.
Con la salida de Perrone, en la interna del plantel verdinegro se produjo una lógica descompresión. La falta de credibilidad en su trabajo y la carencia de resultados minaron la confianza en ese técnico. El DT pampeano tomó de entrada una decisión con gran peso interno como sacar de titular al máximo referente de este grupo como el arquero y capitán, Luciano Pocrnjic. Luis Ardente tomó la misión de atajar post 2-3 ante el Tomba y sus buenas actuaciones le dieron la razón al coach. El mensaje para el resto fue claro: si Forestello sacó al emblema, puede salir cualquiera. La cinta pasó al brazo de Cristian Alvarez, un futbolista bastante relegado en la anterior gestión, y cuando el Pelado no está, tal cual ocurrió ante Argentinos, la posta es de Maxi Bustos, otro que también "resurgió’.
"Vamos a volver a la línea de cuatro atrás, es la mejor opción para este momento". Ésta resultó una de las frases más importantes en la primera semana de mandato de Forestello en San Martín. Dejó de lado la línea de tres y apostó por Alvarez, Ledesma, Landa y Mas, que a esta altura salen de memoria y no se modifican salvo cuando hay suspendidos. Esta modificación en el sistema se llevó al mediocampo, ubicando a Luna por el sector izquierdo y no de enganche como hacía Perrone. Bolaños pasó a ser titular por derecha y el doble cinco se formó con Bustos-Alderete. Arriba, prefirió a Osorio-Penco, aunque contra el Bichito de La Paternal le dio titularidad a Caprari. García y Riaño siempre son opciones más que viables.
La experiencia del Yagui en esta situación lo hace conocedor de los movimientos que se deben hacer y cuales tratar de evitar. En su paso como DT de Rafaela la temporada anterior consiguió el objetivo de la permanencia y por eso no dudó en poder alcanzarlo de nuevo cuando largó en San Juan. Su conocimiento del plantel, antes de asumir fue un punto destacado a la hora de su elección final por encima de otros candidatos. "Es simple con lo que pretende", contaron desde el camarín verdinegro. En la simpleza se nota una de sus fortalezas pues no "marea’ a sus dirigidos con las indicaciones, tal cual también reconocieron desde las entrañas del plantel. Las palabras justas son otra arista de su trabajo. En la semana prefiere trabajar por las tardes porque "a la mañana a veces los jugadores te vienen medio dormidos. Hay que entender que muchos tienen niños y eso provoca que no puedan descansar bien". Hay una práctica semanal de fútbol, habitualmente, a tres días del partido y luego va puliendo los últimos detalles tácticos. La charla técnica consiste en refrescar los conceptos más importantes ya vertidos en la semana y, luego, a la cancha. A jugar. Porque para el Yagui "yo no soy psicólogo, tampoco mago, soy el conductor del grupo. Cambiar la historia depende solamente de los jugadores".
