Pasaron más de dos décadas desde su primera edición. Igual los recuerdos están intactos. Como si hubiese sido ayer. El Encuentro Internacional de fútbol infantil que organiza el Atlético Trinidad, el famoso "Mundialito", este año cumplió 22 ediciones. Por eso dieciséis jugadores sanjuaninos que juegan en Primera División en torneos nacionales, que alguna vez lo disputaron, se reunieron en el césped del estadio del León para recordar anécdotas y momentos de aquella ocasión.

Matías Garrido, Guillermo Pereyra, Emmanuel Campo, Fernando Gaetán, Pablo Lucero, Renzo Ahumada, Pablo Jofré, Ricardo Ávila, Eduardo González, Francisco Fernández, Oscar Sainz, Hernán Muñoz, Eduardo Reina, Lucas Godoy, Rodrigo Jofré y Gustavo Pereira, fueron reunidos por DIARIO DE CUYO en el mismo lugar de los hechos: el estadio de Trinidad.

Allí, con el calor del mediodía y al costado de la cancha, los players contaron sus vivencias que varios catalogaron como "inolvidables", recordaron al Mundialito como el torneo "que todo niño quería jugar" y hasta aparecieron las bromas cargando a los que no habían salido campeones alguna vez. Hoy todos superaron los 20 años y otros, incluso los 30. La mayoría están casados, algunos tienen hijos, pero las imágenes de la niñez están ahí, intactas, contadas tal cual sucedieron hace más de 15 años.

El primero en llegar al estadio del Barrio Atlético fue Hernán Muñoz, el enganche forjado en Trinidad que terminó el año pasado vistiendo la camiseta de Unión. Ahí nomás llegó la banda de Alianza todavía con el cansancio de haber terminado un día más de pretemporada: Ricardo Ávila, Renzo Ahumada y Francisco Fernández. Los primeros dos, productos de la cantera lechuza, el "Zurdo", figura nacido en las inferiores de Sportivo que este año le toca vestir la casaca del club de Santa Lucía. Casi en el mismo momento aparecieron Oscar Sainz, el central también surgido en las inferiores puyutanas que ya partió al Wanderers de Uruguay, para seguir su carrera. Lucas Godoy, otro puyutano que hace varios años se destaca en Del Bono, también hizo su arribo. Mientras que Emmanuel Campo y Matías Garrido, que hace varios años no juegan en clubes locales, también aparecieron. "Che, hubiesen hecho la nota en la pileta directamente", llegó bromeando el "Gambetita" Garrido que se hizo un tiempito ese domingo ya que por la tarde partía a la pretemporada con su nuevo club: Patronato de Paraná. Así fueron llegando todos, el "Gatito" Pereira, surgido en Peñarol y de último paso por Unión; los "anfitriones" Eduardo Reina y Guillermo Pereyra; Fernando Gaetán, uno de los más grandes en edad que se formó en las inferiores de San Martín pero que juega en Villa Obrera, y al último arribaron los hermanos Rodrigo y Pablo Jofré, también de las canteras verdinegras: el "Chori" hoy siendo figura en la Villa Obrera, mientras que el "Peca" con la enorme experiencia de haber debutado ya en Primera División con el elenco de Concepción. La coincidencia fue el look de todos. Los dieciséis llegaron de bermuda, aunque en el calzado estuvo la diferencia: ojotas o zapatillas. Unos con remeras, otros con musculosas. Y claro, el calor a esa hora del mediodía obligaba a eso.

Los convocados se saludaron como si se conocieran de toda la vida, como si hubiesen jugado juntos en las divisiones inferiores. Es que todos se cruzaron alguna vez en una cancha de fútbol y el Mundialito no fue la excepción, ese torneo que servía para hacer nuevas amistades, amistades que continúan en muchos casos hasta el día de hoy. "¿Te acordás cuando nos bailabas siempre?", le preguntó el "Zurdo" Fernández a Renzo Ahumada, recordando los cruces de Sportivo y Alianza en la categoría ’89 y que casi siempre terminaba ganando el Lechuzo.

"Me queda la bronca de nunca haber salido campeón" contó Lucas Godoy, quien con la ’91 de Desamparados nunca pudo dar una vuelta olímpica en el Mundialito. "Igual, a pesar de eso, tengo los mejores recuerdos. Todos queríamos jugar ese torneo", reconoció Lucas. En eso coincidieron los protagonistas, pues aguardaban que llegara enero para jugarlo. "Todo el año nos preparábamos para ese torneo. Si te lo llegabas a perder te querías morir", rememoró Emma Campo, ahora de vacaciones en San Juan después de haber ascendido con Deportivo Madryn de Chubut. "Sí, olvidate. El Mundialito era el torneo más importante que teníamos cuando éramos chicos", reveló Guille Pereyra. "Todos buscábamos salir campeón. Dar la vuelta. Por suerte, con mi categoría lo logré", contó inflando el pecho Eduardo Reina, que con la ’91 de Trinidad recordó la vez que salió campeón ante Rafaela.

Más de uno reconoció que la expectativa que despertaba el Mundialito en esos tiempos generaba la presión de "mostrarse" ante los equipos grandes que llegaban con figuras que hoy brillan en la Primera de AFA o incluso en la Selección mayor, como el caso de Di María, otro que se dio la dicha de jugar el certamen. Quedó a las claras que todos jugaban el Mundialito para ganarlo y seguramente, más de uno, dejó correr una lágrima después de una final perdida.

Todos se acordaron del certamen por excelencia de los más chicos en un mediodía donde reinó la nostalgia. Los recuerdos están intactos como si hubiese sido ayer. Hoy, a pesar de estar peleando por cosas importantes en torneos nacionales, los dieciséis darían cualquier cosa por regresar unos años atrás y volver a disputarlo. Eso es el Mundialito, un torneo que todos quieren jugarlo…