El estadio Monumental colmado por más de setenta mil personas hinchas de River recibió bajo un clima de fiesta, luego de 19 años, una final de la tan deseada Copa Libertadores de América y recibió de manera impactante al equipo de Marcelo Gallardo.

Globos bastón y cintas en los cuatro costados con los colores rojo y blanco, bengalas, luces y fuegos artificiales fueron parte del recibimiento para el equipo que quedará en la historia y grabado en la retina de todos.

El recinto del barrio porteño de Núñez quedó chico ante la gran expectativa de los fanáticos ?millonarios?, que ya dos horas antes del inicio del partido ante Tigres habían completado la capacidad permitida.Luego, todos los sectores del estadio se fueron colmando de tal manera que la gente pedía a gritos que cierren las puertas.

El sector que más se llenó fue la tribuna Sivorí, que estuvo abarrotada tanto en la alta, como en la media y baja.No obstante, poco le importó a los ansiosos hinchas que para acortar la espera hasta el pitazo inicial del árbitro uruguayo Darío Ubriaco se descargaron cantando la canción que se hizo famosa en la semifinal de vuelta ante Guaraní, en Asunción, que se entona con más fuerza en el momento que dice de la mano del Muñeco vamos a Japoón.y dale alegría a mi corazón.

La gente también se levantaba con el que no salta abandonó, en alusión a Boca Juniors, por el Superclásico de octavos de final que fue suspendido en La Bombonera.La ansiedad se notaba en los rostros de los hinchas, desde aquel que peinaba canas y que vivió las finales de 1986 y 1996, hasta de los jóvenes que participaban por primera vez de esta experiencia.

Los nervios no diferenciaban edades.Luego del estruendoso recibimiento, el inicio del partido no calmó la tensión y el aliento se iniciaba desde donde se ubican Los Borrachos del Tablón y de a poco se expandía al resto de los sectores.

La lluvia que se largó a medida que fue corriendo el primer tiempo no achicó a los hinchas, que siguieron alentando para empujar al equipo de Gallardo, el más ovacionado de la noche, que fue uno más en la tribuna, ya que por la suspensión que recibió por ser expulsado en el primer partido observó el partido desde un palco.

Incluso, cuando la primera etapa se iba, y el agua más caía, llegó el grito de desahogo con el gol de Lucas Alario que hizo estallar aún más al Monumental.