Ayer en horas de la tarde fue sepultado, en el cementerio Parque San José de Pocito, Ernesto Picot. Para todos en el ambiente del fútbol, el querido “Negro” Picot. Una persona que hizo de la humildad una bandera y que, aunque nacido el 1 de enero de 1927 en Avellaneda, llegó a San Juan a mediados de los años ‘60 y lo eligió como su lugar en el mundo. Aquí conformó su hogar con Luisa Dominga Victoria, una rosarina que le dio tres hijos, Daniel, Idelfonso y Luisa, de quienes tuvo 11 nietos.
“El Negro” tuvo muchos hijos deportivos, fruto de su amor con el fútbol y Atlético de la Juventud, su ojo clínico para detectar talentos le permitió formar varias generaciones de futbolistas “Lechuzos”. Eduardo Emilio “Veneno” Delgado, fue el que más lejos llegó de aquel conjunto que salió campeón nacional en un juvenil disputado en 1972.
De perfil bajo, de hablar pausado y bajito, Ernesto siguió dándole oportunidades a pibes que reclutaba de los baby fútbol. Quizás, porque salieron juntos y brillaron por muchos años, el trío de Mario Osvaldo Delgado (hermano menor de Eduardo), Roberto Mallea y Carlos Rodríguez, sea el que se recuerde con más admiración por los hinchas de la ya, entidad de Santa Lucía.
Forjado en San Lorenzo disfrutando de las mieles que otorgaron al Ciclón el trío que conformaron Farro, Pontoni y Martino, con quienes llegó a jugar, Ernesto Picot tuvo su momento de gloria en 1954 cuando le hizo tres goles a Amadeo Carrizo. Integró distintas formaciones azulgranas entre 1947 y 1954, jugó 78 partidos y convirtió 10 goles.
Figura de la inolvidable delantera de Tercera en el 46, junto a Papa, Gambina, Rial y Seoane que hizo 120 goles en 30 partidos, Picot, luego jugó en Newell’s, en México, en el Santos de Pelé (lo reforzó en una gira y el pase no llegó a realizarse) y luego en Murialdo de Mendoza desde donde llegó a San Juan, para retirarse en Independiente y quedarse a vivir. Vecino ilustre del barrio Capitán Lazo, Ernesto hizo de la amistad un culto.
Su noble corazón, que soportó estoicamente los fallecimientos de su hija y de su esposa en el corto lapso de los dos últimos años dejó de latir anteayer.
Chau Maestro, descanse en paz.

