Uno hace jugar, el otro termina esas jugadas. Se van complementando cada día más y para Andrés D’Alessandro este nuevo ciclo en River está empezando a encontrarlo en su mejor versión. El Cabezón, aclamado desde el minuto cero y aun cuando su nombre fue anunciado en la formación, empezó a devolver cariño con lo que sabe: jugar y hacer jugar. Un guante en su pie zurdo, movimientos elegantes, calidad, inteligencia y la mejor elección siempre para asociarse con el Pity Martínez y Nacho Fernández, sabiendo que de ellos depende lo que River genere. D’Alessandro mostró esa chapa de líder absoluto que lo hace amado por la gente hasta cuando hace un lateral. Cumplió en San Juan haciendo correr con precisión la pelota, con calidad, con sutilezas. Pasó y cumplió.
El otro de los que rinde siempre y que cada día se va ganando más el negro paladar del hincha Millonario es Lucas Alario, un insaciable del gol que va a todas, que deja todo y que cuando la madurez lo encuentre en esta carrera, lo hará un goleador temible, for export. Porque el ex Colón sabe que tiene condiciones naturales para ser goleador pero encontró en este nuevo esquema de River, una base que lo alimenta más que bien para estar de cara al gol seguido. Tuvo varias opciones, un gol y un tiro en el travesaño. Un repaso rápido que muestra que sabe, que aprende y que está en plena evolución. Alario ya es jugador con estatura para River y eso no lo logra cualquiera.
Los dos, Alario y D’Alessandro, tienen el mimo del hincha Millonario y no es casualidad. Si hay un hincha exigente es el de River y los dos los dejaron más que conformes en el Bicentenario, sabiendo que esto recién está empezando.
