Los segundos se consumían. Giménez tiró al arco de Estudiantil y el Turco Kenan tapó. La bocha salió a donde estaba Babick. Este empezó una loca carrera por la derecha y, llegando al área, se la tocó a Gonzalo Gómez. El Pelado aguantó la marca, esperó la estirada del arquero Maldonado y la tocó al fondo. Arriba de ese arco el tablero quedó inmune en los 2 segundos finales. Delirio total. Gómez se tiró al piso y, levantando las manos, cerró los ojos y gritó. Sus compañeros fueron cayéndole arriba uno detrás del otro. Formando una loca pirámide. Los entrerrianos en las tribunas, poco acostumbrados a este tipo de definición, aplaudían a rabiar. Los jugadores de Andes Talleres no entendían nada. En realidad sí entendían. Lo que no podían hacer era asimilar el golpe. Es que ya no quedaba tiempo para nada. Si sacaron del medio, alguien tiró y pegó en las piernas de Rosselot. Porque ahí mismo sonó la chicharra. Y entonces todo Estudiantil festejó y festejó. Gritó ¡¡campeón!! Los titulares se abrazaron. Los suplentes invadieron y se sumaron. Los del cuerpo técnico también. Aquello sobre que la emoción no tiene límites en el hockey acababa de darse. Estudiantil campeón. Con un 4-3 cerrado sobre el buen equipo mendocino de Andes Talleres. Sólo la estirpe de los grandes puede hacer realidad un sueño tan increíble como este.
Es que el Verde siempre fue por detrás en el marcador. Y, encima, cada vez que empató, el Azulgrana volvió a sacar ventaja de inmediato. Como aclarando que quería llevarse la gloria. Esa que se terminó llevando Estudiantil porque metió la última puñalada. Una final digna de una película.
Talleres arrancó más metido que el Verde. Tanto, que a los 3′ ya estaba arriba después que Miguel Nicolás aprovechara un error y venciera al Turco. Entonces, desde el vamos, el partido empezó a hacérsele cuesta arriba al equipo sanjuanino. El Verde emparejó el juego. Es más, con la fortaleza de Martín, Rosselot y Gattoni se fue al ataque a cara descubierta.
Por eso es que llegó al empate, a través de Pablo Martín. Pero el mendocino le tenía guardada una sorpresa antes del final de la primera parte. Un bombazo de Pellizari que dejó sin chances a Kenan. Así se fueron al descanso. Con Talleres seguro de sus movimientos y con Estudiantil pensando cómo podía vulnerar a Maldonado.
En el complemento, al minuto, Rosselot logró el empate. Pero de inmediato, Talleres golpeó otra vez con el efectivo Nicolás. De nuevo lo mismo. El Verde con la bocha y el mendocino con el contragolpe. Pero, como Rosselot andaba dulce, empujó para una nueva igualdad. Lo que quedó fue pura emoción. De tome y traiga. Hasta que llegaron esos segundos inolvidables. Cuando el movimiento de Gonzalo Gómez paralizó los corazones. Alegría para Estudiantil. Desconsuelo para Talleres. La esencia del hockey está viva. Y el Verde la hizo carne para gritar campeón.
