El desierto chileno es, sin dudas, la parte más dura del Dakar desde que se corre en tierras sudamericanas. Y los dos sanjuaninos, Lino Sisterna con su buggy y Ricardo Martínez con su Toyota, lograron ayer superarlo sin mayores problemas y así seguir en carrera apuntando a estar el próximo domingo en Lima, Perú, donde se cerrará una nueva edición de la competencia más popular y peligrosa del planeta.
La octava etapa no sólo era la más exigente del Dakar por el terreno que debía transitar, sino también la más extensa con nada menos que 447 kilómetros en carrera y 245 de enlace. Y entre los sanjuaninos, fueron Lino y Juan Pablo Sisterna quienes hicieron la mejor labor con el puesto 37 en la etapa, lo cual les permitió subir en la general. Al comando de su buggy, Lino clavó un registro total en la etapa de 6h05m12s quedando a poco más de una hora y media del líder del parcial, el español Roma. Mientras que en la general, los Sisterna están en el puesto 67mo a más de veinte horas del puntero, el francés Peterhansel. Para ellos la octava etapa fue mucho menos dura que la anterior, cuando debieron dormir junto al vehículo en pleno desierto de Atacama y llegar al final del tramo recién el domingo a las seis de la tarde lo que provocó una gran caída en la general para ellos.
Por el lado de Martínez, quien es navegado por el mendocino Sebastián Halpern, la etapa contó con algunos contratiempos más, pero no llegaron a complicarlo demasiado pues arribaron con un tiempo total de 7h03m27s (60 en la etapa), para de esta manera ubicarse 56to en la general a diecisiete horas del puntero.
Si bien el Dakar es una carrera complicada en todos sus tramos y en cualquier momento el abandono puede convertirse en realidad, es cierto que Sisterna y Martínez demostraron capacidad de manejo en el siempre complicado desierto chileno. Para los sanjuaninos es un desafío todavía superior andar por esas zonas trasandinas pues la falta de entrenamiento en terrenos similares lo hace todavía más complicado.
La etapa se caracterizó por ser más rápida de lo habitual, incursionando en lugares no tan rotos como en las ediciones pasadas. Es más, la temperatura ayudó a los competidores pues la máxima fue de 23º.

