‘Me levanto tipo 6.45, desayuno y luego salgo para el colegio. Cuando vuelvo, cerca del mediodía, almuerzo con mi familia y hago todos los deberes que tenga o estudio lo que corresponda para el día siguiente. Cerca de las 17, me vengo en remís o me traen mis papás para el club (Tulum, que se encuentra en el Círculo Andaluz) para entrenar. Suelo practicar hasta cuatro horas por día, de lunes a sábado. Luego, tipo 22.30 vuelvo hacía Caucete y recién cerca de las 23.30 estoy cenando. Me ducho y a dormir. No tengo mucho más tiempo para otras cosas’. La descripción de una jornada habitual para la patinadora caucetera, María Ayelén Jofré, finaliza con una sonrisa cargada de picardía, ya que es muy consciente que su agenda, pese a los 16 años, la tiene bastante ‘cargada’. Se trata de una historia de sacrificio y talento que a mediados del mes pasado en Sao Leopoldo, Brasil, tuvo su pico máximo de gloria: se coronó campeona Panamericana en la categoría Juvenil, toda una muestra de sus condiciones para el patinaje artístico. Aunque semejante conquista está inversamente relacionada con el apoyo que recibe por parte de entidades estatales y privadas, ya que según contó ‘todo es con el esfuerzo de mis padres’.
Su historia arriba de los patines data de poco tiempo después que comenzó a caminar. A los 4 años ingresó al único club que por entonces tenía patinaje artístico en su Caucete natal: Horeb. Ahí estuvo hasta los diez, cuando se mudó un año a una sucursal del reconocido Fantasías. Desde ahí comenzaron los traslados diarios hasta el Gran San Juan, pues estuvo en Social un par de meses y entonces, ya a los 11 años, ingresó a la actual institución que representa: el Tulum Patín Club, ubicado en la calle San Miguel, en el límite entre Capital y Rivadavia. ‘En Tulum encontré mi lugar en el mundo. Estoy muy cómoda y me tratan excelente. Soy una afortunada por lo que vivo ahí’, reveló María, quien transita el último año de la secundaria en el Colegio Parroquial Nuestro Rey, donde hace la especialización en Naturales pues apunta a ‘estudiar Bioquímica, Farmaceútica o algo por el estilo’.
María, quien es la mayor de su único hermano (Federico, de 10 años) y quien viajó de vacaciones a Chile junto a papá José Luis y mamá María Isabel, atraviesa el mejor momento de su carrera en el patinaje. El Panamericano es su mayor logro, aunque hace tres años ya comenzó a ratificar lo que el ambiente pensaba de ella: que era un diamante en bruto. Es que en Santiago de Chile se coronó campeona Sudamericana, dentro de la categoría Cadetes, un título muy especial por motivos familiares para ella (ver recuadro). Desde entonces, tuvo una carrera repleta de logros a nivel nacional y regionales, siempre destacándose en las cuatro disciplinas que lo hace en la actualidad: Libre, Escuela, Dance y Free Dance. En la primera de ellas fue su cumbre en Brasil. ‘Se diferencian por la parte técnica y artística. Cada una tiene su complicación, aunque me gustan todas’, describió.
Su DNI marca que nació el 5 de marzo del 2000, aunque su madurez bien podría hacerla pasar por alguien que estuviera próxima a las dos décadas de vida. ‘Tengo claro que sin esfuerzo y constancia no hay logros posibles. Es algo muy fuerte mi pasión por el patinaje, pero también es cierto que eso representa no poder hacer muchísimas cosas que hacen mis amigas a esta edad. Igual, sé que no tengo otra opción por ahora’, subrayó.
En lo que resta de la temporada, Jofré tiene un objetivo primordial: el Argentino en Rosario, en octubre. ‘Quiero ir a defender el título que conseguí hace un año. Quiero cerrar este 2016 de la mejor manera y es una manera de agradecerle todo el esfuerzo que hace mi familia para que yo pueda patinar’, cerró una auténtica luchadora de la vida.

